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Abel Sánchez: Una historia de pasión (Cap. XIII-XXVIII)

Summary rating: 4 stars 5 Puntuación
Resumen por : Paulo Balle
Visitas : 87  palabras: 900   Publicado el: mayo 14, 2008

Nació Joaquina. Y Joaquín concibió la idea de que ella llegase a ser su vengadora; pero, luego, se refugió férreamente en la esperanza de que fuera más bien su purificadora. Jura liberarse de su infernal cadena a través de mantener la pureza de su hija, haciendo que amase a todos y sobre todo a Abel y su familia.

El cuadro de la escena bíblica de Caín y Abel pintado por Abel fue un éxito y se le otorgó medalla de honor. Joaquín acudía a la sala de exposisión para observar el cuadro y se esperaba que se miraría en él como en un espejo y que los demás observadores le reconocerían  como el modelo del Caín representado. Pero, al no observar parecido alguno, pensó que era porque Abel y Helena ni siquiera pensaban en él cuando aquel pinto esa obra; que no le odiaban; y eso le torturaba aún más.

Idea de Joaquín fue el ofrecer un banquete en honor al triunfador Abel. El propio Joaquín le rendiría homenaje en un discurso. Tenía fama de ser un orador frío y sarcástico, de modo que se esperaba una crítica punzante a la obra, de lo que Abel fue advertido; pero éste confiaba en que el afecto mutuo desmentiría aquello y expresó su deseo de hacerle también un retrato. Enterado Joaquín de esta reacción de Abel, sintióse avergonzado de sus sentimientos. En su discurso, Joaquín exaltó tanto al amigo como su obra y lo hizo tan notablemente que se pensó —incluso por el propio Abel— que la fama que adquirió la pintura de Abel se debió a la calidad del discurso de Joaquín. Helena, por su parte, desconfiaba de los halagos de Joaquín, y así se lo señalaba a su esposo, tratando de convencerle que en el trasfondo de los halagos de Joaquín había solamente envidia.

También así lo entendía Joaquín, quien, instado por Antonia, confesó sus sentimientos a un sacerdote, sin que ello le devolviese la paz que anhelaba. Eso y una pintura de la Virgen con el Niño, suscitó una nueva discusión entre los amigos, entremezclándose juicios religiosos con políticos, ocultando a medias los de Joaquín sus sentimientos afectivos.

Joaquín supo de un enredo sentimental de Abel con una antigua modelo, lo que le reafirmó en su convicción de que habíase casado con Helena sólo por mortificarle. En una discusión que sostiene con su prima, Joaquín revela el desliz de Abel. Helena reacciona en contra de Joaquín, enrostrándole su envidia a la fama de Abel y le expulsa de su casa. Empeora la inquina de Joaquín, pero la domina manteniéndola y alimentándola interiormente, aunque en su casa, ante su esposa, no logra disimularla.

Concéntrase entonces en la educación de su hija, a la que quiere mantener “libre de las inmundicias morales del mundo”. El hijo de Abel, en tanto, estudia Medicina y no arte, como su padre.

Joaquín, se siente interiormente solo y huye de la soledad acostumbrándose a frecuentar el casino, donde sus conversaciones con otro de los habitúes exacerban más aún su soledad y la angustia por su apasionada e incontrolada envidia.

Cuando Abelín se titula, Joaquín le admite como ayudante suyo, y surge entre ambos un gran afecto. Joaquín desea confiarle toda su experiencia profesional y acuerdan que el libro que sobre Medicina no escribiera Joaquín, lo escribiría Abelín. Joaquín medita que Abelín será su obra, que le quitará el hijo a Abel, el que, quizás, “concluya renegando de su padre, cuando le conozca y sepa lo que me hizo” —decíase a sí mismo. Abelín revela a Joaquín que nunca estuvo interesado en pintar, en la profesión de su padre, en quien no reconocía una verdadera vocación. También le confiesa que se siente menospreciado por su padre, quien lo trata con absoluta indiferencia; y le expresa su afecto a Joaquín, por sentirlo totalmente diferente a su padre.

Antonia le revela a Joaquín las intenciones de Joaquina de ingresar a un convento. Esta noticia agudiza aún más la carga interna de Joaquín. Piensa que la hija lo hace para expiar las intuidas culpas


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