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Síntesis y críticas breves

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Un viejo que leía novelas de amor

por : HectorRed    

Autor : Luis Sepulveda

La atmosfera creada por el autor, permite imaginar a los personajes, toda su escenografía y sin

equivocarse mucho, el autor crea un bosquejo  del pais descrito en cada cuadro que enmarcan a los capitulos ininterrupidamente.
  - ¡Quieto, carajo! ¡Quita las manos! Ya sé que duele.


 ¿Y de quién es la culpa? ¿A ver? ¿Mía?


¡Del Gobierno! Métetelo bien en la mollera.


 El Gobierno tiene la culpa de que tengas los dientes podrídos.


 El Gobierno es culpable de que te duela.-
 La idea creada por cada uno de ellos así como su medio ambiente es definitivamente muy claro y  exacto , vá desde los cielos nublados con sus respectivos sopores sin una molecula de viento,  pasa por los rayos de luz intermitentes en la plenitud de la selva formando arcoiris, y llega hasta a la feroz gata salvaje que salta desde la primer página en las quijadas de los enfermos cuando enseñan los dientes, lo que nos presenta una suave recomendación para terminar la obra sin detener en el tiempo.


 Sepulveda desde el principio, se sumerge en la Selva y el lector es perseguido por el sudor maloliente del Alcalde del pueblo sin saberlo, "La Babosa" es  su bien ganado apodo, lo encuentra siempre junto a los lugareños mediante  sus absurdos gritos y desatinos de afuereño, como un intruso ilegal, en un gobierno que después de dos años de ausencia, para él significa un dominio pleno. 


El sillón portátil del doctor Rubicundo Loachamín, el dentista, es el primero que representa la fuerza que enmarca a esta obra literaria y que hasta el día de hoy sigue siendo un premio, los pacientes del sacamuelas, hurgahocicos, palpalenguas, o como se les antoje… gritan y resuenan hasta el fin del mundo como los 18 millones de ejemplares lo acreditan.  El Sucre, viejo barco que flota como una caja vieja y suave, mecida por el tiempo, que cada seis meses pinta las escenas del esbozo de puerto, para zarpar siempre hacia el Dorado, nunca muriendo en el intento.
Los mal llamados Jíbaros pero que fueron Shuar en un principio,  en contra de su voluntad se deben de atender igual el diente... el afilado diente como cuchillo, escuchando como el dentista despotrica contra el Gobierno mientras ellos muerden su dolor con aguardiente como anestésico. El gringo muerto, es quien nos introduce estrepitosamente hasta su muerte y se le recordará hasta los linderos marcados por el salvaje animal que se encargo de él, la gata salvaje fué quien lo puso desde las primeras letras para presentarse como tal… como una muerte serena, sin ruido, sin pena, pero llena de evidencias, dejando rastro con la cola que serán como un prologo en lo siguiente que veremos.  El montubio aquel, que sin querer participa y pasará en esta historia como uno más de los pacientes del dentista, cojudo hasta la caries, como los machos latinoamericanos tozudos y necios, sin dolor alguno.   Uno a uno de los pasos del viejo, Antonio José Bolívar Proaño , el personaje principal que lo siente uno mezclado entre los dientes de la gata, se involucra con cada letra escrita escondido debajo de la barriga de una lancha, asomandose para platicarnos de sus dotes de cazador, de su compadre Nusinho, de las cojudeces del montubio y de cuando tuvo su dentadura completa, de cuando el Idilio permaneció dos años sin autoridad, de como la mujer de "La Babosa" juntaba odio pero nó lo suficiente.


Gran parte de este viejo se siente como si fuera el fundador del pueblo y guía de un puñado de aventureros, nos lo presenta como un amigo de los buenos, cazador de pieles sin serlo, amigo predilecto de los Shuar como cada uno de ellos, pero sin ser ellos...  el viejo tiene su propia afición por la lectura que descubre sin saberlo, una predilección nata por los animales y reforzada por sus maestros los Shuar, sus imaginaciones y viajes entre las huellas de los animales siguiendo su huella para que matandolos sienta el hombre como debe defenderlos, su facilidad para seguir los rastros de una Boa y su facilidad para dar con los rastros de hombre inútil para ocultarlos,  nos habla también como es su respeto por los mal llamados Jíbaros desde sus noches llenas de "panzas de burro" que con un dedo podria alcanzar el cielo, del agua entre lodazales que juegan con el destino ahogando una perdida bota  en los improperios del Alcalde, desde su choza húmeda con sus imágenes del primer día en que llegó sin merecerlo, él que fué por una búsqueda y la encontró siempre en el lector siempre contemplando el cielo, en los que están pendientes de los recorridos de la gata, de los cazadores furtivos que regresan victorios de ser asesinos de lo ajeno, siempre platican como caen las gotas de sudor de "la Babosa" temblando de rabia cuando se siente desplazado por lo incierto, un hombre que con el mismo amor platica de la fotografía descolgada por los cazadores, bien puesta en su lugar original, con el gatillo en el dedo, en los crios de los animales buscando donde esconderlos, en los labios muertos de su compadre cuando fué expulsado sin saberlo, en las Leyes de la selva y de los Shuar y de los cazadores de oro que muchas veces mueren, siempre en el intento.
Y otros muchos participantes que merecen nuestro apremio por leerlos, una novela digna de todo merecimiento y halago al lector.


Publicado el: mayo 06, 2008
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