Desde la primera frase y desde la primera persona, la detective con nombre de hombre Mike Hoolihan nos atrapa con su discurso acelerado, ansioso y apremiante. Nos va a contar el “peor”caso de su carrera. El peor caso en la carrera de un policía es el que lo quiebra. No tiene que ver con el caso en si, sino con cómo afecta al ser humano, que trabaja de policía. Mike nos pasea a un ritmo vertiginoso por su vida, su aspecto, un análisis de su profesión y luego pasaa narrar en formato de informe diario los tres meses de investigación en torno al caso: el aparente suicidio de la hija de su jefe y protector.Cumpliendo sus órdenes, ella tiene que investigar si el presunto suicidio encubre un asesinato. El ritmo vertiginoso del relato de Mike se mantiene y mantiene en tensión al lector en todo el libro. La disyuntiva asesinato o suicidio es igual de horrible para la investigadora que conoció personalmente desde que era una niña a la víctima y que está unida por un lazo de afecto y agradecimiento profundo a sus padres. El vértigo de la investigación está unido al vértigo de los sentimientos y los descubrimientos actuales se ligan a recuerdos profundos y hasta pretendidamente olvidados. La investigación objetiva y aséptica de los hechos conlleva ala vez una internación en el mundo subjetivo de la mente y las emociones, tanto de la víctima como de la policía.Las relaciones sociales de una familia ejemplar, de una joven inteligente, bella y feliz son auscultados hasta el mínimo detalle desde la luz de la tragedia que truncó la vida de esa joven. La narradora va construyendo y trasmitiendo sus descubrimientos como una azorada testigo de una historia por detrás de la historia. Un viaje hacia la oscuridad