LESSING, Doris. “La grieta”. Editorial Lumen, 2ª edición, Buenos Aires, 2008.
Las
relaciones humanas- particularmente
las que se producen entre los géneros – ha dado siempre motivo de reflexión y múltiples interpretaciones desde las más diversas ramas del conocimiento.
La teoría de que la aparición del hombre sobre la tierra sobrevino cuando las mujeres ya ocupaban un lugar en el mundo pudo dar lugar a nuevas perspectivas. Este relato de Doris Lessing- premio Nobel de Literatura en 2007, que naciera en Persia y residiera en Londres la mayor parte de su vida- aborda el tema con una mirada inteligente y lo desarrolla en una novela desbordante de poesía.
En una primera página la autora advierte que el relato,
producto de su imaginación, surgió a partir de un comentario científico sobre la posibilidad de que el primer ser humano hubiera sido una mujer. Inmediatamente surgieron en ella las especulaciones sobre la naturaleza de un primer encuentro entre hombres y mujeres, que seguramente tuvo un carácter conflictivo. A partir de esa idea desarrollará Doris Lessing esta hermosa fábula.
UN HISTORIADOR HIPOTËTICO La novela comienza con una escena en la antigua Roma- una reyerta entre una joven pareja- descripta por un patricio que la está observando y que será, según él afirma, quien se encargará de reconstruir los acontecimientos desconocidos de los tiempos primigenios de la humanidad. Lo hará a partir de un voluminoso manuscrito que posee, y que a su vez se basa en hechos transmitidos por la historia oral.
Este narrador hipotético aparecerá una y otra vez a lo largo del libro. Él irá revelando sus propios interrogantes y éstos irán dando lugar a la reconstrucción de la trama oculta entre múltiples indicios. Las imprecisiones temporales – por ejemplo- serán uno de sus motivos de preocupación, pero le resultarán inevitables. De esta manera nos ilustrará acerca de cómo procede el historiador. Podemos decir que se trata de un relato dentro de otro relato.
LA HISTORIA DE LOS ORÍGENES La existencia transcurría apacible para aquellas mujeres que habitaban un pequeño paraje junto al mar, cercado de montañas y en el que se destacaba una grieta profunda. Esa hendidura en la roca revestía para ellas un carácter sagrado, porque de allí provenía la vida, la posibilidad de procrear. Cada vez que llegaba la estación fría una de ellas era sacrificada y arrojada al abismo que se abría en su interior.
Las grietas, que así se llamaban a sí mismas identificándose con su lugar sagrado, tienen confusas pero bellísimas imágenes que explican cómo se producen sus fecundaciones. Pero la paz se verá turbada cuando nazca un ser
diferente, un varón,
un monstruo. Horrorizadas intentarán deshacerse de él, lo arrojarán a las águilas y continuarán con esa práctica cruel para seguir con su vida indolente entre el mar y las rocas.
Pero la curiosidad llevará a una de ellas más allá de su territorio y entonces comenzará la aventura de un encuentro conflictivo que el mito nos irá revelando en capítulos sucesivos. Así sabremos cómo lograron sobrevivir los varones, cómo se produce el primer encuentro entre los sexos y cómo a partir de allí las féminas deberán admitir el hecho inevitable de la participación de ambos para la procreación.
A lo largo de la historia se irán perfilando los caracteres de cada uno de los grupos. Ellas arraigadas a la tierra, en absoluta armonía con la naturaleza y siempre preocupadas por la continuidad de la especie, profiriendo siempre nuevos reproches. Ellos, inquietos aventureros, hábiles en el manejo de técnicas que les permiten crear instrumentos y emprender viajes nuevos.
Más que destacar las personalidades de los caracteres que van apareciendo a lo largo de la novela - Maira, Astrea, Marona y el joven Jorsa , lo que hubiera resultado inverosímil en un relato de hechos tan remotos- a Doris Lessing le ha interesado delinear comportamientos grupales, que contribuyen afirmar su parecer sobre el tema.
El libro ejerce el atractivo del extraordinario talento narrativo de su autora que nos impulsa a leerla hasta la última página. Después, podremos confrontar las apreciaciones de Lessing sobre la naturaleza de varones y féminas con hechos ocurridos a lo largo del devenir histórico, o con testimonios de escritores, cronistas y poetas para comprobar que- más allá de las ironías que se le adjudican no sin razón a esta autora- no han variado en su esencia. Bastaría mencionar un caso ejemplar: el de Ulises y Penélope, o simplemente acudir a nuestra experiencia personal.