Por lo general, los best selers (y sus
autores) son defenestrados (y muchas con veces con razón) por su ligereza en las temáticas
y la perfección de sus
personajes. Irving Wallace puede ingresar dentro de esta categoría de autores, y su libro, La
palabra , también. Sin embargo, al terminar de leerlo, deja la sensación de que estuvimos (estamos) en presencia de un escritor inteligente, hábil, que se escuda dentro del género para contarnos otra cosa. En este caso, la fé como eje temático, y en sus más variadas aristas (tanto sea religiosa, amorosa o política) y qué ocurra cuando esta fé se tambalea ante la realidad. Con mucha maestría, Wallace entreteje varias subtramas dentro de la principal (el descubrimiento de un evangelio escrito por el hermano de Jesús que desmiente la muerte de este en la cruz) y que van robusteciendo la historia de manera interesante. Lo que se le puede reprochar a Wallace es la excesiva puntillosidad en sus descripciones, lo irreprochable de sus personajes (desde lo físico -en especial los femeninos- hasta lo íntimo) y las ochocientas páginas que si bien se leen rápidamente, da la sensación de que son demasiadas y están sobrecargadas. Por lo demás, resulta una novela atractiva, que se aleja de los tópicos habituales de los best-sellers.