Con una pluma finamente puesta sobre el papel, Alfredo Bryce Echeñique
nos hace entrega de una obra magnífica. La historia
transcurre en la década de los setentas, un amor entrañable une a dos latinoamericanos en París.
Un París soberbio, que recibía por ese entonces a imigrantes, exiliados
y sobre todo, artistas de renombre, que recién se estaban estableciendo
y pretendían sobrevivir en esa sociedad deslumbrante, y que más tarde
serían los próceres del boom latinoamericano.Fernanda María y Juan
Carlos se han amado profundamente en ese mismo París que los vería
separarse, y tomar otros rumbos. La
correspondencia los transforma, los une, los aleja a veces, los llena de ternura y hace
tangible ese paso desesperado del tiempo. La necesidad de expresarse por escrito, como si
quisieran dejar una huella tangible entre ellos, un rastro. Y un poco pretendidamente, también un testimonio de los gobiernos, la
economía, la cultura, la idiosincracia de la América Latina
combulsionada, transformada y transformadora de esa época. Un retrato,
que se dibuja de fondo al amor de los protagonistas, generando la situación perfecta para ese tránsito epistolar que los llenó de
alegrías, nostalgias y hasta les afirmó los sentimientos. Tanto, que la
reflexión con la que comienza su historia Juan Carlos, el protagonista,
es lapidante y reveladora: "Diablos... Pensar que alguna vez fuimos
mejores por carta".