“El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, ofrece a sus lectores la oportunidad de lanzar un mirada sobre la sociedad del
final de los años 1800, destacando la vanidad y la superficialidad de las personas y revelando casi un reflejo perfecto de los valores actuales de la sociedad. Esta es la razón por la cual todos los sentimientos y emociones que Wilde tanto mueve, gira y alterna en esta historia aún hoy son válidos y facilmente comprendidos y sentidos por el lector.
Al realzar el vil camino que las personas siempre elijen, el autor muestra un
personaje egocéntrico y critica el ideal masificado de la belleza. Él trae su mensaje a través de tres diferentes partes de la estructura del libro: la primera retrata el imagen que otras personas tienen de Dorian, la segunda revela a los lectores como el personaje principal ve a si mismo y la tercera satisfaz nuestra curiosidad y nos permite saber lo que se pasa al final con Dorian. El lector es presentado al personaje principal por medio de Basic Hallward, el pintor encantado que se queda apasionado por Dorian luego en la primera parte. Él describe los efectos de ese joven sobre él a un amigo curioso, Lord Henry, cuyo apelo en favor de la ventaja de la juventud arrástranos a un mundo donde rostros pintados consiguen todo lo que desean. El ego de Dorian siéntese adulado por las palabras de Henry y él luego aprende una importante lección: la vida es confortable y siempre premiada por la belleza. Acreditando en todo lo que Henry dile, Dorian desea quedarse joven eternamente en cuanto su
retrato envejece; infelizmente para él, su deseo es atendido y sin estar atento para las consecuencias, él chapuza directo para la fama, la fortuna, el sexo y las drogas. Dorian percibe que el uso de su belleza es errado solamente a través de la conciencia expuesta en su pintura envejecida. La culpa y la verguenza de sus actos y de la persona en que él se ha transformado no son suficientes para detenerlo ya que él aún acredita fuertemente que su belleza es superior a su corazón y a su alma. A pesar de la creencia de Dorian, Wilde no nos permite huir del siguiente pensamiento: Dorian ataca el retrato para probar que el alma, el subconsciente, o todo más vence. Por eso la queda final del personaje es un tipo de grito de despertar que Wilde está intentando alcanzar a través de sus lectores, advertiendoles a no se dejaren cegar por sus egos. Aunque Dorian permanezca joven y bonito con el pasar de los años, hace parte de la desgracia su belleza perder el brillo. Oscar Wilde usa eso como una buena ruptura para Dorian Gray volverse contra si mismo y enfrentarse con lo que él se había tornado. Al final de la novela el retrato encontrase totalmente repulsivo y él ya no consigue encararlo. Él tristemente descubre que no se torno tan encantador, tan agradable como deseaba. Y todo con el más bello rostro...