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Síntesis y críticas breves

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Un día entre las cruces

por : felixlondono    

Autor : Armando Romero
Un día entre las cruces es una novela escrita por Armando Romero en forma de tríptico: a la izquierda, a la derecha y al
centro.
En “a la izquierda”, un niño, Elipsio transita con su hermano y su madre en la dolorosa y agónica lentitud de un día en que nadie puede salir a la calle, así lo ordena su madre, no hay muchas posibilidades. Afuera “los pájaros” están matando liberales y se anuncia a lo largo del texto la muerte de su padre. El día transcurre en esta ansiedad del padre que no llega y la muerte que puede llegar en cualquier momento. Los muertos van cayendo entre recuerdo y recuerdo de lo que fueron e hicieron en vida. Elipsio y su hermano diluyen esta agonía, desde su aparente inocencia, en entretenimientos de encierro: bichos y trenes. Por entre las paredes se escuchan los balazos y las murmuraciones sobre los muertos.  Un lento transcurrir de las horas: los disparos, el silencio, los murmullos, el hambre, la radio, el toque de queda.  Ansiedad que al final de la tarde se diluye en el agua hirviendo que se lleva sus bichos al mar, donde todo termina.
En “a la derecha”, Elipsio ya mayor de edad entra en un nuevo encierro, el del nadaismo: contra el establecimiento. Este nuevo encierro también tiene sus muros. El ir y venir sin rumbo. Los libros y la música del momento que parecen sostener la nada. “Ovulo y Esperma”, publicación clandestina de la cual es su editor; asidero  resbaladizo. El acoso permanente esquivando policías y agentes secretos. El lento e ineluctable diluirse del grupo. El amor de Lamia.  Nada tiene sentido, todo se va resbalando por el muro, hacia el mar. Elipsio, ahora sin nombre, sin identidad, resbala en la cárcel.
En “el centro”, ahora si, rumbo al mar, recién fugado de la cárcel,  sintiendo la lentitud del tren que no parte. Dos horas con su mente oscilando como un péndulo entre los viajantes que le rodean, y la rememoración de lo que fue estar en prisión. Pasan los recuerdos, el prontuario: caterva de guardias y presidiarios. El tren nunca parte, se descarrila, el destino puede más que el sueño. Vuelve al cerro de las cruces, símbolo de su encerramiento. En el cerro ya no hay cruces,  ya no hay nada. Es el inevitable retorno a su lugar de origen.
Entre la muerte que no llega, la vida que no transcurre y el tiempo que no fluye, la novela le inyecta al lector la agonía del desarraigo y del encierro, metáfora de nuestra propia violencia.
Publicado el: febrero 06, 2008
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