Hablar de los fascinantes “personajes subjetivos” utilizados por Virginia en su novela vanguardia de las tres mejores creadas
por esa mente prodigiosa, es verla remontarse a su niñez, hacer reminiscencias de sus años terribles y alucinantes que “vagan” por los bajos intersticios de su memoria. Al no poder escapar de aquello que la perseguía, escribió mediante el monólogo utilizado por Rhoda: “… Del mismo modo que doblo el vestido y la enagua, dijo Rhoda, me despojo de mi imposible deseo de ser Susan, de ser Jenny. Pero extenderé los dedos de los pies para tocar el límite de la cama. Adquiriré la seguridad, al tocar el metal, propia de todo lo duro. Ahora no puedo hundirme. Es imposible que caiga a través de la delgada sábana, ahora. Ahora relajo el cuerpo sobre este frágil colchón y quedo suspendida en el aire. Ahora floto sobre la tierra. Ya no estoy en pie para que me golpeen y me hieran. Todo es suave y dócil, maleable. Las paredes y las alacenas palidecen y sus amarillos rectángulos, sobre los que pálido brilla el cristal, se doblegan. Ahora de mí pueden manar los pensamientos. Puedo pensar en mis flotas navegando en el mar alzado en oleaje. Estoy a salvo de los difíciles roces y los choques. Navego sola, junto a blancos acantilados. ¡Pero me hundo! ¡Caigo! Esto es el ángulo de la alacena. Esto es el espejo del cuarto de los niños. Pero se estiran y alargan. Me hundo en las negras plumas del sueño. Sus densas alas oprimen mis ojos. Mientras viajo en las tinieblas, veo los alargados parterres, y la señorita Constable sale corriendo del ángulo que forma el césped, para decirme que mi tía ha venido a buscarme en un coche de caballos. Subo. Huyo. Como si llevara muelles en los tacones, salto a las copas de los árboles. Pero ahora caigo dentro del coche ante la puerta de entrada, y allí esta sentada mi tía, moviendo afirmativamente la cabeza con plumas amarillas, duros como cantos rodados los ojos. ¡Oh, despertar entre sueños! Mira, ahí esta la cómoda. Quiero salir de esta agua. Pero se amontonan sobre mí. Entre sus grandes hombros me llevan. Me obligan a dar un giro sobre mi misma, me derriban, estoy tendida entre esas largas luces, esas largas olas, esos interminables senderos, esas gentes que me
persiguen, me persiguen…”