Esta es la última novela de la tetralogía encabezada por “Hijo de Ladrón”. Su protagonista, Aniceto Hevia, recorrerá ahora
Chile de norte a sur, mezclándose en los hechos políticos de la época. En las primeras páginas contiene un extracto de la Matanza de Santa María de Iquique (1807). El asesinato a sangre fría de miles de obreros salitreros por parte del ejército, para acallar sus justas reivindicaciones. “Los milicos matan algunos huelguistas, los mataron en Iquique y volverán a matar cualquier día” – escribe con lucidez de profeta por tiempo antes del Golpe de Estado de 1973.
Los personajes con los que se relaciona forman una galería abundante y variada de tipos humanos, tratados con la maestría y profundidad características del autor. Hijo de chilenos, nacido en Buenos Aires en 1896.
Todas las historias que cuenta son historias que podemos encontrar o con las cuales nos podemos topar en nuestras vidas. Porque al principio la injusticia no se entiende, se sufre. Y Manuel Rojas la describe de un modo que cualquier hombre de pueblo sabía de qué hablaba y nadie podía decirle que eso no era así.
La
vida del pobre de la que habla retrata lo más crudo de nuestra esencia, de todo eso que vemos a diario y que, por desgracia, tapamos y escondemos o arreglamos con soluciones parche. Aquí radica la popularidad de Manuel Rojas. Prácticamente no hay familia “Rojas” en
Chile que no tenga un “Manuel”. Un sencillo homenaje que se le rinde en el día a día.
Editado en Argentina en 1971, este libro pone a las aventuras de su legendario personaje Aniceto Hevia, a través de las cuales Manuel Rojas plasmó sus propias experiencias de vida: la infancia de pobreza en Argentina, sus viajes a Cuba, México y Puerto Rico, su vida en Chile. Aunque el escritor lo ignoraba, el fin de Aniceto Hevia significó al mismo tiempo su propio fin. Un lento y silencioso cáncer se gestaba en su cuerpo y le provocaría su muerte en 1973.