Esta novela, escrita por Giussepi Tomaso de Lampedusa narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina y su
familia entre 1860 y 1890.
Ambientada en la
Sicilia de aquellos años convulsos, el autor
muestra con fina intuición psicológica el lento declive de la gran
aristocracia siciliana. La invasión de la isla por Garibaldi, la
desaparición del reino de las dos Sicilias, la unificación italiana son
mostrados desde el cínico y desencantado punto de vista del príncipe,
el cual en su quietismo contrasta con su vivaz sobrino Tancredi quien
se une a los rebeldes para luchar por la unificación de Italia.
Es una obra maestra de la descripción y la sugerencia, en un par de
líneas describe por entero a un personaje, y ya en la primera página se
adivina el tono de sorda desesperanza que es el transfondo toda la obra.
La lenta
decadencia de una clase social, el fin de una época se
muestran a través de los ojos del príncipe Fabrizio, último
representante de una antigua y noble familia siciliana. La
inevitabilidad de los procesos históricos es mostrada en su crudeza,
sin tener ningún rasgo "decadente" -el príncipe- alto, muy fuerte, de
gran inteligencia y capacidades no puede evitar asistir a la decadencia
de su vida, familia y patrimonio. Su única esperanza es Tancredi, el
cual tanto por idealismo como por interés se pasa al lado de los nuevos
tiempos, llegando a alcanzar grandes posiciones en la nueva Italia
unificada. Es este el que pronuncia al inicio de la obra la famosa
frase, todo debe cambiar para que todo siga igual.