"Al día siguiente no murió nadie."
Así
empieza está maravillosa
historia, que tiene como trama central la ausencia de
la muerte dentro de los límites de un solo país.
Luego de la euforia general que esto produce,
empieza la paranoia y el caos; desestabilizando a instituciones como la iglesia del país y el gobierno.
Una
historia donde surgen las alianzas tácitas entre la mafia y la policía, entre los pobladores y las agencias funerarias, y donde el gran conflicto es qué hacer con la gente que ya debe morir, y por qué desapareció la muerte; esta extraña que en la novela se presenta como una mujer que envía cartas de color violeta a los futuros difuntos, y que inclusive se enamora.
Un libro completamente saramaguezco, con aquella estructura para los diálogos que tanto caracteriza al premio nobel portugués.