Severine cuenta
con todo para tener una
vida feliz, sin sobresaltos y con todo
al alcance de la mano: tiene un esposo que la ama y al que adora con devoción, vive en la Francia de principios de siglo veinte, en los estertores de la “belle epóque”, con un pasar económico excelente, sin privaciones, pero que guarda en sí misma un secreto que le arde cómo un volcán en el cuerpo; la necesidad imperiosa de la lujuria que su piel le reclama. Es así que entra en un mundo impensado para ella, el de la prostitución, como la enigmática “Belle de jour” bella de la tarde y no lo hace por dinero sino por el
placer de acostarse con hombres que son diametralmente opuestos a su marido Pierre. En la casa de madame Anaís ingresa a un ambiente sórdido en el que se entrega en cuerpo y placer al sexo con elementos de la más baja ralea, pero que son justamente los que más la excitan. Una y otra vez huye de ese vil entorno y una y otra vez vuelve a caer, hasta que conoce a Marcel, un hampón proveniente
del bajo mundo, que la desestabiliza por completo, dándole la sensación de que el mundo que ella conocía con Pierre ya no será el mismo y deberá adaptarse para la tormenta que se desatará de allí en más gracias a los efectos de su nociva doble vida. Una novela que trata de manera excelente la dualidad del ser humano, en este caso representado por Severine-Belle de jour, que conocerá en piel propia las vicisitudes que puede afrontar cualquier persona ante lo que debe ser y no hacer para que la vida después no le pase facturas que el alma no pueda pagar.
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