Hay
sentimientos que nos pueden llevar toda una vida para concretarlos y si se trata de un amor, de un noble dorado y que pueda ser el más bello de los sentimientos, esperar una eternidad por el beso simple de la mujer amada, da toda la impresión de ser digno de una novela épica, para así llegar
al objetivo majestuoso que es el corazón que lo atrapó para siempre
con el fuego de la pasión. Tal es el caso de Florentino, un muchacho más
del pueblo, destinado a ser uno más del montón, sin brillo y sin relieves que lo destaquen del resto, claro que ante el esplendor magnífico de la señorita Ariza tendrá ante sí el único motivo para sentir cada gota de tiempo derramada en su pecho y no que no le importen si son días, meses,
años los que tengan que volcarse en la fuente de la vida por que verá su anhelo cumplido al tener la paciencia infinita, propia de Job y la determinación que sólo quién ama de verdad puede poseer. El tercero en discordia, Juvenal, marcará pautas precisas en la cadencia de la novela al ser el dueño de un nombre importante
dentro de la comunidad, con un cargo dentro de la medicina indiscutido y con una respetable fortuna a la que Florentino le será imposible equiparar. El viaje por toda una vida aguardando el pimpollo que le suavice la nostalgia de los años discurridos será en barco, tocando distintos puertos hasta que el cólera hará de las suyas e impedirá que puedan volver a fondear hasta que el destino les de un nuevo aviso a quiénes sienten como pocos el llamado verdadero del amor. ¡Magnífico García Márquez!
Más sinopsis sobre EL AMOR EN TIEMPO DE CÓLERA