PÉREZ REVERTE, Arturo y Carlota :“El Capitán Alatriste”,Ed. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara. Buenos Aires, 2006.
Este
personaje, que dará lugar a una serie de novelas de las que solíamos llamar “de capa y espada”, es también la figura central de una película coproducción reciente de EEUU, Francia y España, dirigida por Agustín Díaz Yanes, que ha sido recibida con buenos comentarios de la crítica.
La autoría del libro, de nuestro conocido y admirado Pérez Reverte, tiene esta vez la novedad de la colaboración de su joven hija Carlota, responsable de una prolija indagación histórica. Ésta permite ambientar la acción en la España de los Austrias y revelar los matices paradójicos de una época en la que coexistía una enorme decadencia política y moral con el brillo de genios como Lope de Vega, Góngora, Velázquez y el muy crítico Quevedo. También se hace presente la influencia y el poder de la Inquisición representada por el siniestro fray Emilio Bocanegra.
La voz que cuenta la historia es la de Iñigo Balboa, hijo de un antiguo camarada y compañero de campañas del protagonista, a quien éste había tomado bajo su protección después de la muerte trágica del padre. Ambos viven- o malviven – en un cuartucho alquilado en “La Taberna del Turco”, regenteada por Caridad La Lebrijana, colorido personaje que reparte sus favores entre los parroquianos, entre los que el así llamado Capitán Alatriste obtiene los mejores privilegios. La taberna era el centro de reuniones de escritores, artistas y malvivientes que allí discutían apasionadamente los avatares de la política, la poesía y el
teatro del Madrid de aquel entonces.
A esa tosca pero simpática presencia femenina se contrapone- en el relato que hace el joven Iñigo- la de una niña de aspecto angelical de la que está perdidamente enamorado, aunque su intuición le esté previniendo de una perversidad oculta y cuya revelación el lector esperará con impaciencia a lo largo de toda la historia. Se trata de Angélica de Alquézar, asistente de la reina y las jóvenes princesas como menina. Ella será, años más tarde, retratada por Velásquez.
También este pintor de la corte nos ha dejado, al decir de Iñigo de Balboa, un retrato del protagonista, que confirma con holgura la descripción de Pérez Reverte. Lo podemos observar en la celebérrima escena de la Rendición de Breda, conocido también como Las Lanzas (1635). Su figura aparece por detrás de un caballo en el extremo derecho del cuadro de Don Diego de Velásquez.
Todavía más sorprendente es la semblanza moral que se ofrece del singular Capitán. Ligado a la tradición de la Caballería y a la mentalidad española, Alatriste tiene sus propios códigos, no siempre ortodoxos, pero respetados por él a rajatabla: fiel a sus señor el rey, pero a su manera; feroz en la lucha pero incapaz de matar por la espalda. Esos son los valores en que se va formando la joven figura de Iñigo de Balboa, nuestro narrador.
Además de su espada, su capa y su vizcaína - un arma auxiliar, pequeña cuchilla que llevaba oculta en la cintura - Alatriste cuenta entre sus armas con una intuición y una astucia que le permiten salir airoso en una lid verbal con el poderosísimo Duque de Olivares.
El nudo de la acción se precipita a partir de un oscuro encargo que recibe este
espadachín a sueldo de parte de dos grupos de personajes evidentemente influyentes en la corte, pero cuyas identidades quedan por el momento ocultas. Intrigado por lo contradictorio de las consignas, Alatriste desiste de cumplirlo fielmente de manera súbita, en medio de la refriega, y eso le traerá consecuencias insospechadas: un favor inesperado de los ilustres destinatarios de su estocada, así como la enemistad y la promesa de venganza de parte del italiano Gualterio Malatesta, circunstancial socio en aquel lance.
La afición del pueblo español por el teatro y los modos en que éste se presentaba en el siglo XVII dan brillo y color a uno de los capítulos más emocionantes de la novela. El hecho ocurre cuando en medio de una representación de “El Arenal de Sevilla”- pieza de Lope de Vega- en el llamado Corral del Príncipe y ante la presencia del pueblo, gran parte de la Corte y el mismísimo Don Felipe IV, Alatriste debe batirse con cinco espadachines con el auxilio inestimable de la espada de Don Francisco de Quevedo, su amigo. Esto dará lugar a una increíble escaramuza que tendrá serias consecuencias para nuestro héroe.
Quedaremos a la espera de este desenlace y nuevas aventuras que seguramente se irán desplegando en los sucesivos títulos que componen la serie editada por Alfaguara. La narrativa ágil y el humor de Pérez Reverte se enriquecen con los dibujos de Carlos Puerta, además de la inclusión de muy selectos fragmentos de la poesía de Quevedo y del teatro de Lope. Por todo esto es de esperar que su lectura resulte atractiva para los más jóvenes.