Olga, sintiendo cercana su muerte, decide escribir una larga carta a su
nieta Marta donde dejará constancia de la historia
de la familia, de su propia vida, de las peleas con la hija muerta, de los desencuentros, de los sentimientos y los pensamientos que quizás no se supieron ni decir ni escuchar.
El libro está
escrito desde el corazón, fuerte y delicado a un tiempo, en el que Olga se vacía e intenta con una carta lo que nunca consiguió en vida: que su
nieta comprenda.
Y tal como ha sido escrito, el lector lo leerá, con suavidad, con delicadeza, descubriendo la vida de tres generaciones de mujeres y el último intento de una de ellas para se abra un diálogo, o quizás un periodo de reflexión y comprensión, sobre lo que fueron sus relaciones y sus vidas.