Jorge Asís homenajea El juguete rabioso de Roberto Arlt y de paso (una vez más) desparrama su
mirada lúcida sobre la Argentina de los ochenta. Durante gran parte del libro uno piensa que el autor se ha excedido en su cinismo: un humor negro y casi burlón hacia los
personajes, las situaciones, e inclusive hacia su alter-ego de ficción, nos hace sospechar que tal
vez la corrosión ha ido demasiado lejos. Sin embargo, cerca del descenlace, la piedad hacia los personajes (en especial al protagonista, un perdedor que por un acto delictivo de menor cuantía termina en la cárcel), hacia la Argentina en los últimos tramos de la dictadura y hacia el futuro negrísimo, nos demuestra el derrotismo casi onettiano de Asís, que la casi burla al entorno hostil, es una resistencia resignada, un deseo de no entregarse, de no convencerse de que todo está perdido y que las utopías no existen. Tal vez no llegue a la altura de Flores robadas en los jardines de Quilmes , y tal vez le sobren páginas, pero Carne Picada es tan contundente como un cross en la mandíbula, una enseñanza de Arlt que Asís aplica a la perfección,