La guerra devuelve a la joven Connie, lady Chatterley, un marido inválido e impotente al que apoyar, del que cuidar y con
el que compartir un largo futuro como pareja.Resignada a ello, desocupados su mente inquieta y su
cuerpo joven en el retiro de Wragby, la mansión familiar de los Chatterley, donde pocos amigos los visitan, Connie languidece ante los ojos preocupados de sus familiares, que sin dudar achacan su agostamiento a la falta de un varón que pueda colmar sus necesidades de mujer.Connie no siente realmente que el sexo sea tan importante. Aunque ha tenido amantes antes de casarse, y aunque conoció el sexo con su esposo antes de la desgracia, nunca llegó a comprender del todo ese interés que los hombres, y algunas mujeres, parecen dedicarle.Sin embargo, es el mismo aburrimiento el que la lleva a entregarse a un conocido escritor que los visita con cierta asiduidad. En él, Connie encuentra un placer fugaz, nunca compartido, puramente físico y ni siquiera intenso, que sólo aporta vergüenza y malestar cuando la relación termina.Pero Clifford, lord Chatterley, tiene un deseo, casi una fantasia: poner un heredero en Wragby, y llega a decir a su esposa que no sería malo si ella tuviera una aventura, si quedara embarazada y juntos criaran ese hijo como propio. Ella accede a pensarlo, y la fiebre de la maternidad empieza a crecer en ella. Habría de buscar un
hombre inteligente, bien parecido, que poder tomar y dejar cuando el objetivo estuviese cumplido.Pero el destino se cruza en el camino de la joven en forma de guardabosques. Es Oliver Mellors, hombre extraño, taciturno y solitario, abandonado por su esposa, que ha regresado de la India donde estuvo al servicio de un oficial. Mellors se recrea en despreciar sus buenos modales, en hablar el dialecto del pueblo, en fingirse un ser basto y oscuro. Atraída por un hombre tan lejano a ella, Connie se entrega al guardabosque sin saber bien por qué....y encuentra en los brazos de ese hombre la mujer que ni siquiera ella sabía que existía.La pasión del guardabosque la enciende, la trastorna, y la lleva a una entrega absoluta de su cuerpo primero y de su ser completo después, saltando por encima de las diferencias sociales que hasta entonces han supuesto un océano insalvable.Através del sexo, despojándose de toda vergüenza al tiempo que se desnuda de sus ropas, deja que el hombre llegue a lo más íntimo de su cuerpo, y casi sin querer, lady Chatterley comprende por fin, lo que es amar con el cuerpo y el alma unidos en el goce de la pasión.