BORGES-PERON: PADRESNUESTROS
Dos argentinos emblemáticos nacieron en las postrimerías del siglo XIX. Uno de ellos
fue un polémico escritor que cultivó en sus escritos lo nacional-popular representado por el gaucho y el compadrito; el otro fue un militar de la campaña bonaerense devenido en líder político. Fueron contemporáneos y pudieron haber sido amigos, pero el liberalismo oligárquico de los antepasados de uno y la ebriedad del poder y la trasgresión social del otro los enemistaron históricamente. Jorge Luis Borges y Juan Domingo Perón, los dos representantes de nuestra identidad, no tenían lugar uno para el otro en la fragmentada
Argentina de 1945 pero que, sin embargo, hoy no se podría reconocer la una sin la otra.
Tal vez el texto mas emblemático sobre la disputa entre estos dos hombres sea “Padresnuestros”, novela de ficción que narra el encuentro de ambos personajes en el Purgatorio para purgar –la palabra no podría ser más exacta- sus respectivas diferencias. Lo que sigue es, como en un cuadrilátero de boxeo, un genial intercambio verbal plagado de odios, posiciones irreductibles y rencores acumulados. Finalmente, un hecho fortuito los obliga a lo menos impensado: como todos saben, Borges esta ciego y a Perón le faltan las manos, pero para hacer frente a las ratas que los acechan por doquier deben unirse para tratar de sobrevivir al ataque de los roedores.
Si habría que hacer honor al rigor histórico, tendríamos que aclarar que esta enemistad se origino en 1946, cuando Borges era empleado de la biblioteca Miguel Cané y la ascensión de Perón al poder le trajo una desagradable sorpresa. Sucede que durante la guerra mundial el autor de “El Aleph” había firmado una solicitada contraria al gobierno de facto instalado en 1943 y al ascendiente general Perón en particular. Una vez en el poder, el nuevo gobierno peronista no podía atacar abiertamente a un intelectual por entonces reputado como Borges, así que su castigo vino disfrazado de ascenso: se le convirtió en "inspector de Aves, Huevos y Afines en el mercado público", que dependía de la misma burocracia municipal. Al día siguiente, Borges presentó su renuncia.
A partir de entonces Borges comenzó a sentir cierta paranoia frente a la amenaza de la barbarie, de una fuerza política que para el no era mas que marginales y criminales movilizados por la demagogia de un líder que ventilaba rencores sociales y que venía a destruir el orden que el régimen liberal supo construir. Borges, el hombre de raigambre criolla, el nieto de un milico fortinero, no podía desechar el liberalismo oligárquico de la clase social a la que pertenecía. Esa ruptura con el anterior conservadurismo que significó la llegada del novísimo partido de masas le habrá parecido una herejía atroz. A esto hay que sumarle otras humillaciones, como la prisión –debido a su antiperonismo- de su hermana Norah.
Perón, en cambio, había nacido el 7 de Octubre de 1893 como Juan Sosa, hijo natural de padres solteros en una casa-rancho de las afueras de Roque Pérez, de una madre de sangre indígena semi analfabeta, luego anotado irregularmente en Lobos el 8 de Octubre 1895 como Juan Domingo Perón, y finalmente bautizado recién el 14 de Enero de 1898 como Juan Domingo Sosa. Naturalmente, nada de eso figuraba en el legajo personal del joven Perón a su ingreso al Colegio Militar, ya que estos hechos representaban para la época y para el Ejército un estigma social insalvable. Era la belle epoque argentina, la del poder sustentado por la oligarquía criolla, donde Juancito Sosa se había criado "de a caballo" entre los desposeídos, los indios, los mestizos y el gauchaje, meros partícipes de la injusticia de una sociedad injusta.
En definitiva, Borges jamás rescató ningún valor positivo del
peronismo. Pero, además de varias declaraciones hirientes que salieron de su boca con el fin de descalificar tanto a este movimiento político como a su líder, cierta vez dijo al periódico “La Razón” (26-6-71) algo excepcionalmente revelador. Había dicho, textualmente: “Fuera de algunos individuos de la Real Academia Española cuyo sentido del idioma era deficiente nadie creyó en el «Justicialismo», monstruo neológico que con su eco inexplicable sigue dando horror a una página del abultado diccionario” Cierto, por eso, que el nombre de Borges además de ser un apelativo se ha convertido en un concepto: su creación ha generado una dimensión que designamos con el adjetivo “borgeano”; al líder de masas le cabe, en cambio, el sustantivo “peronismo”, mucho mas contundente y personalista que el degradado “justicialismo”. De ahí que se pueda extraer que el peronismo pesa más en la actual sociedad argentina que lo borgeano –un término creado mas tarde, al hacer referencia a un autor nacional que en la Argentina fue “descubierto” por un amplio sector de la sociedad gracias a las alabanzas de los críticos extranjeros-.
Sin embargo, el tiempo y cierto oportunismo político hizo que los pensamientos de nuestro máximo autor nacional mutaran a un más piadoso “Los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles”. Incluso se permitió burlarse de si mismo una mañana de 1983 cuando, caminando por la calle Florida, fue reconocido por una columna de manifestantes peronistas. Borges se asustó temiendo una posible agresión, pero los “muchachos” lo dejaron absolutamente perplejo con sus cánticos: “Borges y Perón, un solo corazón”. “Que mundo tan loco –reflexionó Borges- Ni remotamente me hubiera imaginado que alguna vez oiría mi nombre junto al de Perón”.
Por LUCIANO DIFILIPPO