Crítica de "Ángeles y Demonios", de Dan Brown
Con esta novela de ficción y aventura, Dan Brown ha dado un paso importante
para consagrarse como escritor de referencia en el género: ha creado un personaje carismático con el que se puede identificar el público. Se trata del profesor de simbología religiosa Robert Langdon. Brown utiliza nuevamente el personaje en su éxito, y secuela de este relato, "El código Da Vinci". La acción se centra en la amenaza de una antigua secta, denominada Los Illuminati, que ha organizado un plan para explotar una bomba de
antimateria escondida en algún lugar del Vaticano. Coincidentemente, las autoridades de la Iglesia Católica se encuentran reunidas en esta ciudad para efectuar la elección del nuevo Papa, el cónclave. El artefacto ha sido robado del CERN (Centro Europeo de Investigaciones Nucleares), tras ser asesinado su constructor, el científico Leonardo Vetra. Simultáneamente, cuatro de los cardenales elegibles desaparecieron, raptados por un fanático asesino que actúa por
orden de los Illuminati. La orden: eliminarlos uno a uno siguiendo los pasos de un ritual centenario. Anticipar las acciones del Hassassin es la segunda carrera que debe vencer Robert Langdon, contando para ello con la ayuda de Vittoria, (hija adoptiva de Leonardo Vetra). El plazo para evitar ambas catástrofes es de veinticuatro horas. El escritor domina muy bien la cronología de las secuencias de acción y crea descripciones cuidadosas de las situaciones y de los sitios físicos donde estas ocurren. Además, utilizando el recurso de la duda continua, donde lo únicos personajes transparentes son Robert Langdon y Vittoria Vetra, mantiene al lector en jaque constante, sin adivinar el desenlace de todos los hechos que se plantean en el libro. Hay que admitir que, con su técnica limpia, sencilla, donde los capítulos son cortos y se digieren rápidamente, Brown consigue mantener el interés hasta la última carilla.