Cuatro personas coinciden en Nochevieja en la azotea de un edificio de la ciudad con el mismo propósito: suicidarse. Así
se conocen Maureen, una madre que lleva casi veinte años cuidando sola a su hijo discapacitado; Martin, un hombre que ha perdido a su familia y su trabajo en un programa matinal de la televisión tras haber pasado unos meses en la cárcel por haberse acostado con una menor; Jess, adolescente e hija de ministro, malhablada,
malcriada y marcada por la desaparición de su única hermana; y JJ, un joven americano y músico vocacional que ha visto cómo se disolvían a un tiempo su grupo de rock y la relación con su pareja. Cuatro
personas que no tienen nada que ver entre sí pero que están marcadas por la misma experiencia y que inician una complicada relación a partir de esa misma noche. En este libro coral, en el que hablan por turnos los cuatro protagonistas, las personalidades de los mismos están marcadas y muy definidas pero las conversaciones entre ellos y las situaciones a las que se enfrentas han sido tan llevadas al extremo, son tan excesivas, que es difícil que sean creíbles. Es posible que el autor haya querido de este modo quitar hierro a un tema del que es complicado hablar, pero el hecho es que no profundiza en él, no convence y, por supuesto, no hace ni reír ni sonreír tal y como se nos vende en la contraportada.