Julián Beltrán, un oscuro escritor de
novelas contrata una muchacha de servicio, Mercedes, para que lo rescate del caos domestico
que reina en su departamento limeño. Y, como dice el título, de repente irrumpe esta alma buena, simple y generosa para cambiar su anodina vida.Mercedes es una mujer madura, mestiza, robusta, plácida, acostumbrada al trabajo, que irradia una gran bondad. Es como una pura flor, sana y generosa que, como un soplo fresco de inocencia pone orden en la casa e ilumina la vida de Julián. Desde un primer momento, más que patrón, es su amigo, confidente, casi cómplice, yasí él se entera de que a Mercedes su madre la vendió por cien soles cuando era niña. A su vez, Mercedes ya sabe que Julián no ve a sus padres desde hace muchos años.No podemos dejar de identificar al sensible, entrañable y simpático Julián con su creador, Bayly, aun en la similitud de sus problemas personales, como el irremediable desacuerdo con el autor de sus días, esa relación de amor-odio que es recurrente en sus
novelas. Y esa historia se desarrolla a lo largo del libro, paralela a la de Mercedes con su madre.Julián
encuentra una causa noble para su aburrida existencia, encontrar a la madre de Mercedes. Con acucioso interés persigue detalles sobre la vida de Mercedes; no se deja convencer por la resignación con que esta lleva su vida, sino que tiene la convicción de que ella será feliz cuando encuentre a su madre. Y yendo contra el escepticismo de Mercedes, se lanza cual Sherlock Holmes en una pesquisa por demás peregrina, pero que sorprendentemente llevan a buen puerto. Llega a ubicar a la antigua patrona, con la que ambos se entrevistan y se produce un desopilante episodio. A partir de entonces, sigue el hilo de la madeja que lo lleva hasta el lugar de origen de Mercedes, un pueblo del Callejón de Huaylas, Caraz. Entusiasta y esperanzado Julián, y con resignada aceptación Mercedes, emprenden viaje hacia el pueblito. Mercedes, encuentra por fin a su madre; en su generosa simplicidad, se arrebata de amor por ella, una rústica y ladina anciana que apenas si se inmuta con la presencia de la aparecida hija. Pero en Mercedes se despierta un sentido de pertenencia, y sobre todo de responsabilidad por su progenitora, sin guardar un ápice de rencor por el abandono de que fue objeto. No, ella se lanza inflamada de amor a la causa que le ha salido al encuentro, cuidar de su madrecita por el resto de sus días. Por supuesto se queda en su pueblo, feliz por fin, y hasta encuentra un galán, el mayor Concha Fina. Agradecida con Julián, le ruega que busque a su padres, "Para que seas más feliz, patroncito".De regreso, Julián reanuda su prosaica vida, amargado siempre por el desencuentro por sus padres; apenas endulzan sus días su relación sentimental con Andrea, quién trabaja en una librería y es su único nexo con el mundo exterior. Ella le lleva libros y le cuenta las historias curiosas que se suscitan en su trabajo, historias de escritores no reconocidos como Julián, excéntricos y solitarios como él. Sin embargo no ha olvidado el consejo de Mercedes. La simpleza de su lógica es contundente: los padres son los padres, y los hijos no pueden juzgarlos; es bien fácil, solo debe buscarlos y reconciliarse, no hay otro camino, le dijo. Su argumento ha ablandado a Julián, quien reconsidera su situación y decide acercarse a sus padres. Cuando finalmente los busca, se encuentra con que su padre está agonizando; entre ellos ha habido una sórdida historia de desencuentros, incompatibilidades, y quizá traiciones, desengaños y otros ingredientes peores. Pero, como dice Mercedes, son los padres, y basta; en familia los demonios se guardan en el closet. La reconciliación y el perdón llegan como bálsamo al corazón de Julián, tal como lo pronosticó Mercedes.Con rasgos de ternura la novela, nos muestra los contrastes en los diferentes niveles sociales y raciales que existen en el Perú, país plurisocial, pluriétnico. Las finas situaciones de humor que se suscitan en lalibrería de Andrea, los frescachones contrastes entre los personajes simples como Mercedes y definitivamente bastos como la ex patrona, la madre, o el mayor Concha Fina, y Julián por la otra parte, provocan hilarantes situaciones, a manera de modernos Quijote y Sanchos. El libro está muy bien escrito, es ágil, entretenido, y no deja de cautivar a lo largo de sus 244 páginas.