La araña negra es una
novela de juventud de Vicente Blasco Ibáñez . La escribió en el año 1892, es decir, a los veinticinco años. Sin embargo en ella se puede vislumbrar al genial novelista que llegó a ser después. Pero pese a no ser, ni mucho menos, la mejor
obra de este
autor, sí es digna de ser leída, sobre todo porque sirve para identificar a su autor, para conocerle en profundidad, para apreciar y admirar en él al hombre de corazón apasionado y noble, de grandes filias y fobias. Porque así como supo amar con encendido entusiasmo al excelso poeta francés Víctor Hugo , del mismo modo, con similar intensidad, odió a la Compañía de Jesús . A todo lo que esta representaba para él: la hipocresía, la solapada intervención en el poder político, el maquiavelismo más ruín... Y expresión de este odio es la novela que estamos comentando.
En la misma, con un estilo folletinesco, con gran abundancia de personajes y manteniendo siempre en suspenso la atención del lector, se describen pormenores de la orden religiosa que fundara San Ignacio de Loyola . Y siempre refiriéndose a su intervención en la Historia de España, a sus medios para influir en la sociedad de su época, a sus intrigas de todo tipo para alcanzar y mantener el poder político, el económico, el social... De
manera que hace comprensible al lector medio la razón de la expulsión de los
jesuitas de España y el odio que el pueblo llano les tenía.
Aunque esta obra literariamente fuera repudiada después por el propio autor, que impidió que figurara en la edición de sus Obras Completas editadas en vida, no por eso carece de interés tanto por lo expuesto anteriormente como por su
apasionante trama argumental. De manera extensa y con la capacidad descriptiva que caracteriza al autor, se cuenta la historia de la familia Baselga durante el siglo XIX y la pavorosa e infame maquinación jesuítica que les sume en la mayor de las desgracias.
Y la verdad es que se podrá o no creer al autor cuando pinta a estos religiosos como monstruos de maldad, pero lo que sí es innegable es el poder de convicción del novelista y la verosimilitud de su relato, pues de lo contrario no se comprenderían los esfuerzos de los jesuitas para que esta obra no se propagase, hasta el extremo que llegaron a comprar ediciones enteras para destruirlas.
Asimismo, en España, durante el regimen franquista, estuvo severamente prohibida. En la actualidad, por fortuna, es fácil obtenerla. Y eso garantiza, puedo asegurarles, muchas horas de apasionante e instructiva lectura.