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Síntesis y críticas breves

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Lo que queda del día

por : Leinteresa    

Autor : Kazuo Ishiguro
Esta sinopsis ha sido traducida de The Remains of the Day
Lo que queda del día, publicada en 1989, resultó un éxito absoluto y, ese mismo año, recibió el Booker Prize. La novela recibió
una excelente acogida del público y le valió a su autor, Kazuo Ishiguro, numerosos elogios.
En esta novela, Ishiguro emplea con meticulosidad un narrador, llamado Stevens, cuyo discurso da muestras de inverosimilitud clásica. A pesar de la evidente ambigüedad del personaje, o aun gracias a ella, el lector se convence de los conceptos magníficos que el autor tiene de la humanidad. En la narración de Steven se entremezclan con frecuencia elementos de contradicción, disimulo y mala memoria. Debido a su dependencia del ocultamiento, durante toda la novela, el lector se ve obligado a concentrarse en otros factores que señalan que no conviene confiar demasiado en el narrador: por ejemplo, las reacciones de otros personajes en muchas de las situaciones narradas. En cuanto a los puntos de vista de otros personajes que la novela incluye, Miss Kenton resulta muy valiosa a la hora de detectar las grietas del discurso de Stevens.
Ishiguro también sugiere la falta de fiabilidad en la misma voz de Stevens, que deja escapar tics verbales que señalan los momentos más complejos de la novela. Hay una enorme cantidad de proposiciones subordinadas que demuestran la intención de desviar la atención y la responsabilidad de la intensidad emotiva. Es evidente también que los rasgos estilísticos del discurso inadecuadamente formal de Stevens y su uso del pronombre “uno” en lugar de la primera persona constituyen intentos de subvertir sus opiniones personales. El interés que atrapa al lector reside en su creciente percepción del divorcio entre el lenguaje que utiliza el narrador y lo que éste describe.
En un sentido narrativo histórico, la novela refleja los límites de la memoria, tanto pública como personal. La crónica de Stevens recuerda al lector que, alguna vez, la relación entre Gran Bretaña y la Alemania nazi fue muy distinta de lo que registra la historia. Lo que queda del día rememora una época en la que muchos caballeros distinguidos invitaban a miembros del partido nazi a sus círculos sociales. Muchas veces, las crónicas grandilocuentes de muchos historiadores pasan por alto estos detalles, cuando no los desprecian o critican. La interpretación en la ficción que ofrece Ishiguro de este período muestra cuán fácil era para una personalidad prestigiosa como Lord Darlington rendirse al influjo de la propaganda nazi.
Al tiempo que arroja una sombra de duda sobre la historia oficial, la novela deconstruye la fiabilidad de la historia personal. Sin embargo, la narración señala la falibilidad de estas reminiscencias mediante la falta de confiabilidad de Stevens. Como resultado, queda demostrado que la memoria personal es una descripción de la historia tan insatisfactoria como la memoria pública. Ishiguro avizora una verdad en la historia, que yace en algún punto entre la subjetividad sesgada de los relatos personales y la objetividad extralimitada del recuerdo público. Ese mensaje sólo puede transmitirse mediante un narrador en el que el lector no puede confiar.
Muchas críticas de Lo que queda del día cayeron en la tentación de trazar un paralelo entre la narrativa contenida de Stevens (que representa un estereotipo de Gran Bretaña) y el carácter controlado que suele asociarse a la sociedad japonesa en la que se crió Ishiguro. Este supuesto soslaya el propósito de la novela de explayarse en temas universales de la humanidad. Ishiguro, que dejó Japón cuando tenía cinco años, no quiere ser considerado a la luz de su legado nipón; su interés fue siempre escribir acerca de cuestiones internacionales y humanistas. Además, si bien no es posible comparar la cultura japonesa con la británica, sí es cierto que Ishiguro parece buscar ridiculizar un determinado concepto de Gran Bretaña. La reserva con la que suele asociarse a un determinado segmento de los británicos se revela como un ocultamiento fallido de emociones.
Todaslas novelas de Ishiguro presentan personajes principales que buscan de maneras similares la compensación o el consuelo por sus pérdidas o errores del pasado. La narración poco fiable de Stevens es el medio perfecto para expresar su afición a provocarse desilusiones. El elemento clave de su crónica es que, sin quererlo, Stevens engaña al lector tanto como se engaña a sí mismo.
Este tipo de narración tiene implícita una función didáctica que permite comprender las emociones humanas. El protagonista exhibe una profunda sed de consuelo y verdad, y descubre las tensiones que hay entre ellos. Sólo así el lector puede comprometerse de manera activa con la búsqueda de Stevens de alguna clase de verdad emotiva o personal. Es difícil alcanzar este nivel de compromiso a través de una narración confiable.
En conclusión, son muchas las características del discurso inverosímil que presenta Lo que queda del día. La narración contradictoria, disimulada y poco memoriosa de Stevens podría provocar un cierto abatimiento en el lector pero, por el contrario, es justamente gracias a la poca credibilidad de la narración que el lector llega a compadecerse de Stevens. Como obra literaria moderna, podría incluso afirmarse que la inverosimilitud de Stevens representa las ilusiones del narrador y sus dificultades para comprender su mundo en la ficción.
Publicado el: febrero 08, 2006
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