LA VIRGEN DE LOS
SICARIOS Un escritor (Fernando Vallejo) regresa de España a su
país y empieza un viaje delirante por la realidad
colombiana actual.
Este libro fue llevado al cine con el mismo nombre y en
Europa recibió críticas excelentes. Facturada por el
director alternativo Barbet Schroeder con guión del propio
escritor.
En el año 2000 recibe la medalla de oro en la Presidencia
de senado en el Festival de cine de Venecia.
El escritor se
encuentra actualmente autoexiliado en la
ciudad de México.
Aunque es una novela clasificada dentro del genero drama,
autobiográfica, la esencia en sí es la violencia que reina
en la ciudad de Medellín o ‘Medallo’, una de las ciudades
mas violentas de la tierra donde los jóvenes se dedican al
tráfico de drogas, a la prostitución y a llevar una vida
sin objetivos, sabiendo que si no matan a sus enemigos de
otras bandas ellos amanecerán muertos.
La guerra por el poder desarrollado dentro de la red de
narcotraficantes colombianos hace que los
asesinatos sean cosa de todos los . Las ejecuciones no son
noticias sino mas bien crónicas comunes y corrientes. Solo
el morbo hace que los habitantes vean noticieros.
Fernando se encuentra en casa de su amigo de la infancia,
José Antonio, con Alexis, un chiquillo de 17 años pero que
a pesar de su corta edad ya lleva varios muertos en su
conciencia, si es que la tiene. Un chico de barrio perdido
y olvidado, sin familia, sin futuro y sin ley. Es un
sobreviviente de uno de esos tantos grupos de sicarios,
asesinos a sueldo que son contratados por los
narcotraficantes para eliminar a sus enemigos, El
amor nace
entre ellos y el contraste de personalidades y edades tan
diferentes solo se justifica por la carencia de afecto que
ambos vienen arrastrando.
Alexis se convierte en un ángel fatal y exterminador que
deambula por las calles, complaciendo a Fernando y
entendiendo su neurosis, tratando de limpiar a la ciudad de
buena parte de sus moradores que molestan a su amor maduro,
no conoce la diferencia entre la metáfora y la realidad.
Elimina con su ‘tota’ o revolver a taxistas agresivos que
ponen la radio a todo volumen, a punketeros ruidosos que no
dejan dormir, a rateros sin importancia que solo hacen
escándalo y toda clase de seres que solo de dedican a
molestar a su amigo el gramático.
Alexis lleva 3 escapularios como todos los sicarios, uno en
el cuello, otro en el antebrazo y otro en el tobillo, que
son para que les den el negocio, para no fallar la puntería
y para que les paguen. En eso se centra toda su vida.
La reflexiones de Fernando sobre Medellín, su gente, sus
costumbres, sus gobernantes y su religión son lapidarias,
toda en ese mundo lo exaspera y solo se consuela con su
efebo amigo al que adora y lo llama ‘su niño’.
¡Dios es la gran gonorrea! grita el escritor cuando su
neurosis llega a los extremos y comienza a justificar la
manía de Alexis por matar a todos los seres que no merecen
vivir.
Se acostumbra a los viajes de los martes al pueblo de
Sabaneta, donde los jóvenes sicarios van a pedir protección
a la virgen. Esos marginados que forman parte de la
sociedad que llena a la morgue de cadáveres, a la ciudad de
sangre y a las iglesias de asesinos.
Alexis termina como todos los jóvenes sicarios: Asesinado y
tratado como un cadáver mas. El que a hierro mata, a hierro
muere.
Fernando cae en depresión varios días y solo por inercia
una mañana se baña y sale a buscar alimentos. Se encuentra
con otro chiquillo, Wilmar, que también resulta ser sicario
y el amor vuelve a nacer. Se resigna a que todos los
chicos guapos sean ángeles exterminadores y sin futuro. Se
siente con ánimos de vivir nuevamente hasta que descubre
por casualidad que Wilmar, no es otro que el asesino de su
amado Alexis.
La duda, la rabia y el deseo de venganza hacen que trate
de matarlo mientras duerme pero alfin se da cuenta que el
es nadie para hacer justicia por su propia mano. No tiene
esa calidad moral para juzgar a un chiquillo producto de
una sociedad enferma. Entiende que se encuentra en una
tierra sin ley y la única salida es perdonar a Wilmar y
rehacer su vida juntos en otro país, huir de esa ciudad
violenta y vivir su amor sin sobresaltos en otro lado.
Preparan sus maletas y Wilmar se va a despedir de su
familia y a dejarles unos regalos pero, nunca
regresa. Fernando reciba la noticia que Wilmar está en la
morgue, víctima de un ajuste de cuentas y que debe de ir a
reconocer el cadáver.
Fernando acepta con resignación que en ese país el amor y
los jóvenes no tienen futuro, que debe acostumbrarse a
vivir en una sociedad violenta que se dedica al
narcotráfico y que hasta celebran con juegos pirotécnicos
cuando logran pasar un cargamento de droga a los Estados
Unidos.
Asume la actitud de todos esos habitantes comunes de
Medellín, que van y vienen sin saber porqué y en un acto
involuntario aborda un autobús sin importarle donde vaya.
Le da lo mismo. Termina la novela diciendo.
'Y que te vaya bien,
que te pise un carro
o que te estripe un tren’.
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