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Shvoong Principal>Libros>Novelas Y Telenovelas >Reseña de El Caballero Carmelo

El Caballero Carmelo

Reseña del Libro   por:EsperanzaNavarro     Autor : Abraham Valdelomar
ª
 
El Caballero Carmelo, de la noble raza de los gallos de pelea peruanos, que entra a la contienda a vencer o morir, con el orgullo del hidalgo que muere con la espada en la mano sin pedir merced al adversario, llega a casa del pequeño Abraham Valdelomar como un presente que trae a su padre el hermano  que retorna al hogar luego de largos años de ausencia.  Carmelo por el color de su plumaje, que lo asemejaba al  hábito marrón de los monjes carmelitas, no por eso de humilde aspecto monacal, pues la arrogante cola de plumas tornasoladas se desplegaba soberbia en perfecta conjunción con la afilada cabeza roja erguida con  el altivo desdén del que no teme al destino.   Sus muchos triunfos en las lides le daban un no sé qué de sapiente experiencia, y el cariño que se le prodigaba en casa  le humanizaban hasta hacerle parte de la familia.
 
En el pueblo de Pisco, muy cerca del mar, en casa de los Valdelomar, el Caballero Carmelo había establecido sus reales en el corral que compartía con patos, palomas, conejos, puerco, cabra y el plebeyo pollón, “Pelado”, desbancado por el Carmelo en los favores de amos y gallinas. 
 
El viejo campeón  había sorteado en su juventud y madurez todos los azares de la sangrienta lucha a la que los impulsa su atávico sino y la pasión de los hombres por  el juego y, cómo no, por el espectáculo trágico de vencer o morir.  El Caballero estaba en el justo momento de disfrutar el crepúsculo de su vida en apacible calma, rodeado del cariño de sus amos, rodeado de las doncellas de su harem y de la prolífica prole que hacía  mérito a su linaje.  Pero el azar irrumpe siempre para romper la tónica llana de los acontecimientos… Y he aquí que se había puesto  en duda la estirpe del  Carmelo… que no era un gallo de raza…!!  ¡¡¡Solo en al campo del honor se podía castigar la afrenta!! 
 
El padre se ve compelido por la fuerza de las circunstancias a enfrentar al viejo guerrero, con el retador, el “Ajiseco”, famoso y joven gallo, también campeón.  La ocasión está que ni pintada, pues se celebran las fiestas patrias, y en San Andrés, la vecina aldea, el 28 de julio se juegan gallos.  En esa paz rural de los pueblos, las apuestas alborotan las emociones y no solo es ganar o perder, sino tomar partido por uno u otro campeón. 
 
Llega el terrible día para la familia, los niños tienen el corazón apretado de dolor y, aunque están prohibidos de acudir a la jugada, el pequeño Abraham, como delegado de los otros hermanitos, parte a hurtadillas tras el padre para con su presencia y la fuerza del cariño, darle  aliento a su gallo.  En San Andrés el pueblo está de fiesta, allí se han dado cita los hacendados y hombres ricos del valle, y hasta los más humildes pescadores y labriegos se han endomingado y juntan sus soles para apostar a su campeón.
 
Para el niño la tarde es trágica.  Los gallos son echados al ruedo.  Van armados con brillantes navajas atadas a los espolones.  En la arena se miran los adversarios; el Carmelo, viejo y achacoso;  el joven, fiero paladín, favorito de todas las apuestas, se pasea presuntuoso y perdonavidas.  Nuestro Caballero, recordando otras tardes de triunfo, agita las alas y canta estentóreamente.  Se enfrentan alargando sus erizados cuellos.  El “Ajiseco” embiste al pecho con las  ennavajadas patas, sin gracia y a las patadas y aletazos trata de resolver rápidamente el encuentro.  Un hilo de sangre corre por la pierna del Carmelo.  Se enardecen los ánimos, todos apuestan a favor del “Ajiseco”.  En un nuevo encuentro, el Carmelo, con la prestancia de viejo luchador saca fuerzas y acomete con furia, desbarata toda la fuerza de ataque; luego, la lucha prosigue, cruel, sin definirse, hasta que una grave estocada hace caer al Carmelo.  ¡Ha ganado el “Ajiseco”!  Sin embargo, el juez dictamina: -¡No ha enterrado el pico!
Y tiene razón, el Caballero Carmelo se ha incorporado frente al vencedor que ya se jacta de su triunfo… y es entonces que recuerda toda su estirpe de luchadores y como un soldado herido arremete fieramente con una estocada  definitiva sobre su rival. Un clamor admirativo subrayó la limpia victoria del paladín.   El Carmelo había vencido, pero se desangraba, perdía fuerzas.  Abraham y sus hermanos lo recogieron amorosamente, y lo condujeron a casa, rogándole que esta vez venciera también a la Parca.
 
Dos días lo cuidaron con devoción y afán.  Al atardecer, el Carmelo, cantó por última vez despidiendo el día y la vida.  Luego exhaló el último suspiro en brazos de sus pequeños amos. Se fue, pero su vida no fue en vano, había dejado una estela de nobleza y valor.  En nuestro imaginario, persiste humanizado como el último caballero andante.
  1. Responde   Pregunta  :    quien es el autor? Ve todo
  1. Responde   Pregunta  :    personajes secundaros Ve todo
  1. Responde   Pregunta  :    como fueron los últimos días del caballero carmelo Ve todo
  1. Responde   Pregunta  :    de que trata brevemente el escrito ? desarrollo? conclusión? Ve todo
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  1. Responde   Pregunta  :    que editorial es Ve todo
  1. Responde   Pregunta  :    no me dice nada Ve todo
  1. Responde   Pregunta  :    cortas Ve todo
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  1. 1. julia

    angel

    muy bonita historia

    0 Puntuación sábado, 30 de marzo de 2013
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