En El palacio de la luna nos enfrentamos a un narrador personaje. Marco Fogg (M) da cuenta de su vida, interesando al lector para acompañarlo hasta la última página. Se trata de la vida de un muchacho huérfano que vive con su tío Víctor, músico itinerante, quien también muere, dejando así al protagonista huérfano y vacío. Las primeras páginas de la novela dan cuenta de la soledad de M y del tiempo que vive en un parque como un enajenado que no espera ni da nada por la vida. Afortunadamente, es encontrado por su amigo de universidad Zimmer, quien, junto a Kitty (otra amiga del pasado), lo trasladan a vivir al departamento de Zimmer. Una vez restablecida su salud mental y física, consigue un empleo: sacar a pasear al paralítico ciego Thomas Effing. El viejo resulta de un vigor psicológico impresionante, envuelve y activa la vida anímica de M con increíbles historias que dan cuenta de su pasado. El viejo Effing asegura haberse cambiado el nombre, después de saberse muerto, dejando así mujer e hijo para comenzar una nueva vida con otro nombre y otra circunstancia. Sabe que ha dejado un hijo, pero desconoce su suerte. Pero una vez con M, se pone en contacto con él, a fin de dejarle sus bienes porque está consciente de que va a morir pronto. El ciego le pide a M que escriba las memorias de su vida, para que después, una vez muerto las publique, bajo la convicción de que resultarán interesantes.