Mark Twain se encuentra con un personaje curioso en un castillo medieval, mientras hace un recorrido turístico por el mismo. Al conocerlo, el extraño le comenta que el era un yanqui de Connecticut, forjado a sí mismo en las artes de la herrería y la armería, habiendo aprendido desde joven a construir cualquier máquina imaginada por el hombre.
Sin embargo, debido a un riña con uno de sus trabajadores, queda inconciente y despierta en una tierra extraña para su vista y una época absolutamente desconocida. Cuando le hacen ver que está en el siglo VI, en la corte del Rey Arturo, y tras salvar de una muerte en la hoguera gracias a sus conocimientos de un eclipse, el cual fue interperetado como obra de su magia por los asistentes a su ejecución, comienza soterradamente una reforma de la sociedad medieval inglesa, dejándola lista para un salto cualitativo en derechos y desarrollo.
El choque de culturas y el increíble desarrollo y avance que logra la Corte del Rey, además del desbaratamiento de la caballería andante, marcan el desarrollo de sus cuatro primeros años en la corte. Los tres años siguientes llega a acostumbrarse tanto al lugar donde está (luego de adaptarlo para tener las comodidades del siglo XIX), que termina dudando de si en realidad alguna vez efectivamente vivió en el 1800 y no fue sólo un sueño.
El desenlace es abrupto, pero luego de un clímax emocionante.
En general, el autor intenta destruir la novela de caballería, despreciada por él porque muestra como héroes a quienes en realidad son seres que se revisten de hierro para saquear a sus súbditos, amparados por una iglesia oficial que le provocaba urticaria al insigne escritor estadounidense.
Es una excelente obra, recomendable para todas las edades.