Rogamos a los Materialistas que atacan a los Ocultistas y Teosofistas, porque creen que cada Fuerza (así llamada) de la
Naturaleza
tiene su origen en un Noumeno sustancial, una Entidad consciente e inteligente, ya sea un Dhyan Ohohan Planetario o un Elemental, que se fijen primero en una corporación mucho más peligrosa que la
Sociedad Teosófica. Nos referimos a la Sociedad que existe en los Estados Unidos de América, cuyos miembros se llaman a sí mismos Sustancialistas.
La tenemos por peligrosa, porque esa asociación, combinando en su seno el Cristianismo dogmático de la Iglesia, o sea el elemento antropomórfico de la Biblia, con las ciencias exactas, convierte, sin embargo, en esclavas del primero a estas últimas. Esto equivale a decir, que la nueva organización conducirá a las generaciones venideras en su dogmatismo fanático -si es que triunfa- al antropomorfismo más irremediable. Y lo conseguirá tanto más fácilmente en nuestra época adoradora de la ciencia, cuanto que una corriente de innegable ilustración ha de contribuir a vigorizar la creencia en un dios humano gigantesco, ya que sus hipótesis, semejantes a las de la ciencia materialista moderna, pueden fácilmente formularse, de modo que sirvan su objeto particular. Las clases educadas y pensadoras de la sociedad, una vez rotos los lazos de la esclavitud clerical, podrían reírse de los datos científicos de un San Agustín o de un «venerable» Beda, que les obligaran a sostener, basándose en la autoridad y en la letra muerta de aquello que consideraban como una Revelación, que nuestra Tierra, en vez de ser una esfera, era plana y estaba colgada en el espacio debajo de un dosel cristalino, tachonado con brillantes clavos de cobre y un sol no mayor de lo que aparece. Mas estas mismas clases se verán siempre obligadas por la opinión pública a respetar las hipótesis de la ciencia moderna, sea cual fuese la dirección en que las lleve la
naturaleza de la especulación científica. Desde el siglo pasado se las ha conducido al materialismo grosero; puede conducírselas de nuevo en una dirección opuesta. El ciclo ha terminado; y si la ciencia cae alguna vez en manos de la oposición -los sabios «Reverendos» y los hombres de Iglesia fanáticos- puede el mundo irse aproximando gradualmente al foso de la parte opuesta y caer en tiempo no lejano en un grosero antropomorfismo. Una vez más habrían rechazado las masas la verdadera filosofía, la imparcial y antisectaria, y se verían de nuevo prisioneras en las redes urdidas por ellas mismas: fruto y resultado de la reacción creada por una época de negación constante. El ideal sublime de un Noumeno del Espíritu universal, infinito, omnipresente, de una Divinidad impersonal y absoluta, se borrará de, la mente humana una vez más, para ceder el paso al DIOS MONSTRUO de las pesadillas de los sectarios.