Este
antiguo y tradicional oráculo chino fue creado como manual adivinatorio más accesible que el complejo I Ching, por un
estudioso anónimo que procuró presentar al mundo un libro verdaderamente oracular exento de las dificultades de su noble antecesor. Su nombre puede traducirse como “El clásico del
ajedrez espiritual”, o “El clásico de las piezas de ajedrez cargadas”, título que alude a los doce discos de madera (a semejanza del ajedrez de China o de las damas del Occidente), que se emplean en el juego adivinatorio.
La versión que se traduce contiene el núcleo del texto compuesto a principios del período Wei-Chin (222-419 D.C.), además de cuatro
comentarios clásicos de siglos posteriores y uno de la pluma de los traductores.
Al arrojar los doce discos diseñados en tres series o hileras de cuatro, representando el cielo, el hombre y la tierra, se pueden obtener ciento veinticinco combinaciones. El texto, como se refirió, incorpora comentarios interpretativos de cada una de las suertes, comenzando por el nombre del trígrafo obtenido, la imagen simbólica que él evoca, el oráculo original antiguo, los versos o semblanzas poéticas y sapienciales del vaticinio y los distintos comentarios escogidos.
La propicidad o adversidad de la consulta tiene que ver con la relación de las tres fuerzas representadas en las tres hileras de discos (cielo, hombre, tierra) y su condición Yin o Yang, joven o madura. De esta forma se ensambla un mosaico de significados en relación con las distintas etapas de la vida del consultante.
Como aspecto singular del sistema, los doce discos deberían labrarse a partir de “la madera de un árbol que haya sido herido”. Los trozos de madera serían potenciados de esa manera por la poderosa energía del Yang, del rayo, que calificaría auspiciosamente a la pieza tallada para este arte superior.