El éxito tiene muchos aspectos. Lo podemos entender como la libertad de conseguir todo lo que deseamos o como el resultado
de comprender nuestra verdadera
naturaleza espiritual.
La verdadera riqueza se parece más a un flujo renovado de oportunidades y bendiciones que a la apropiación de dinero sin tomar en cuenta la moralidad detrás de nuestras acciones.
Sólo conociendo y practicando las Leyes Fundamentales de la Vida podemos entrar en armonía con la naturaleza y volvernos confiables para ella, de modo que nos proporcione abundantemente sus tesoros. La vivencia de la divinidad en nosotros, experimentada como un flujo de milagros, oportunidades y logros, es el sello del éxito en la vida.
Siete Leyes entran en juego en esta travesía.
La primera alude a nuestro mayor
potencial y nos habla de estar unidos con todo y con todos en el corazón. Es la Ley de la unidad. Para aplicarla debemos invocar el poder que reside en el silencio y en la meditación.
El campo del silencio es la esfera en que todo el potencial se encuentra en estado latente, disponible, y para eso hay que contactarlo. No hay como ligarnos de corazón a la naturaleza y percibir la inteligencia que la informa, haciéndonos amigos de ella para aprender a actuar a su manera: sin juzgar ni discriminar a nadie.
Dar es la segunda Ley. Implica dar y también recibir y es la técnica tradicional, la que hace que todo circule, el dinero así como la sabiduría. Cada tanto podemos regalar y también ser agradecidos con los que nos regalan en reciprocidad. Al ingresar en este nivel, la esfera de dar y recibir, el flujo se establece sobre nosotros.
El conocimiento de la Ley de causa y efecto (Karma) nos permite comprender y regular nuestro desempeño y hacernos cargo de las verdaderas razones de nuestro éxito o fracaso. Es un inmenso poder, la llave de toque de la acción superior.
Para que la travesía de la vida sea verdaderamente exitosa , es necesario aplicar también la Ley del menor esfuerzo, tal como lo hace la Naturaleza. Ella aplica una perfecta economía a todas sus transformaciones y aprovecha a plenitud todo sus recursos.
La intención y el deseo son un poderoso factor atractivo. Aplicar esta Ley, hacer una lista de nuestros deseos y llevarla con nosotros y en nuestra mente el tiempo necesario, puede acercarlos a nuestro círculo de actividad. Se trata de unificar y magnetizar nuestros objetivos de vida.
Cuando el procedimiento comienza a funcionar, no se puede perder de vista el desapego, la sexta Ley, que nos hace libres de las cosas y de los mismos deseos, y nos permite avanzar más allá, abrirnos las puertas de lo desconocido y conocer el inmenso potencial que espera por nosotros.
Y la séptima y última Ley requiere del conocimiento del propósito de nuestra vida (Dharma). Se trata, en otras palabras, de reconocer directamente nuestros talentos y dones únicos, aquello que debemos educir y desarrollar para que nuestra búsqueda en la vida sea realmente iluminada y nos proporcione lo que en realidad nos produce mayor felicidad y plenitud.
En la medida que alcancemos un cierto dominio de estas Siete Leyes Fundamentales de la Vida, nos pondremos en condiciones de superar obstáculos y ascender escalón por escalón hasta la meta. Porque el éxito es la corona de una existencia de inteligencia y refinado cuidado en las relaciones. Es la experiencia que aún nos queda por vivir en plenitud, antes de ser coronados, la de sentirnos unidos con todo lo que existe.