En el “Precio de la Bondad: Una lección de Amor”, se hace realidad una de mis fantasías infantiles: Ser astronauta. En ese
cuento de ciencia-ficción, yo comando una nave intergaláctica y, en un viaje de retorno a nuestro añorado planeta, nuestra natural curiosidad de viajeros espaciales, nos hizo detener en un extraño y muy peculiar planeta. En ese lugar, ocurrieron hechos que dieron rienda suelta a los sentimientos y acciones más inusitados de naturaleza humana y “suprahumana” de los que se puedan concebir; entre ellos: Altruismo, sinceridad, alegría, humildad, desinterés, compasión, amistad, y nobleza... Pero, también: Traición, avaricia, depredación, ira y frustración, entre otros.
Allí, también, aprendimos a valorar el verdadero sentido de la amistad y de la generosidad, y cómo el hombre puede convivir en perfecta armonía con la naturaleza, sin dañarse el uno al otro.
Pero, la verdadera lección nos la enseña un joven de doce años, destacándose con su gesto de amor y de bondad sobre la avaricia, la barbarie y la insensibilidad humana...
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