Magistralmente escrito, este cuento de Chejov ilustra muy bien la
elegancia de un autor que sabe acoger con sus pensamientos,
la
historia de las personas reales o imaginarias. En esta historia un encuentro fortuito entre dos solitarios los conduce a una relación romántica que les hace recrear sus amoríos, y vivir una pasión de juventud aunque a la sazón no tuviese ya la edad en donde florecen estos deseos.
Los cuentos de Chejov tienen la particularidad de introducirnos al mundo de un autor que transmite la belleza de sus palabras en poesía, y dibuja la esencia de la historia con fuerza y deseo, que viste con
elegancia las oraciones para convertirlas en magia.
Chejov, viejo conocedor de la esencia rusa, transmuta su alma en los cuentos que nos han legado su propia forma de ser.