Si mi hermano se muere en la flor de la vida; si mi abuelo atesora en sus ojos el secreto del color de cada persona; si mi
primo, líder e ídolo de mi infancia, se prostituye catódicamente aireando trapos sucios en los programas del corazón; si madre rehace su vida porque su marido se consume inválido en una cama; si soy joven y feo, aunque toque el violín, y una turbadora diosa de pago hace enloquecer todas mis hormonas... Todas esas preguntas se hace el lector a medida que va disfrutando de las cinco
historias que tan magistralmente ha cuajado Almudena Grandes en su última obra, tal es la fuerza de seducción de su autora, que nos atrapa y nos subyuga, emocionándonos hasta las lágrimas, sobre todo con la primera de sus narraciones.
No es una novela, sino una antología de
cuentos largos, o novelas cortas, qué importan los géneros cuando se borda la literatura rayando en la perfección. Una galería de vivencias que dejan al descubierto los entresijos de nuestras vidas, permitiendo que el lector alcance una comunión casi mística ante los temas que la autora propone, demostrando a quienes desconfían de los relatos que lo único importante es la capacidad de contar historias, con el cariño por bandera, pero también con una calidad estilística incuestionable.
Muchos tildaron a Almudena Grandes de "novelista de mujeres", pues sus primeras producciones tenían como eje central el universo femenino, y esto, lejos de encasillarla, la espoleó hasta que alumbró "Los aires difíciles", una de las mejores novelas castellanas de los últimos cincuenta años. Y para que nadie piense que aquello fue un espejismo, nos ha regalado ahora estas cinco historias, cinco tesoros con los que disfrutar y sentir, tal vez los dos parámetros más importantes que debe perseguir cualquier escritor, sin olvidar el mérito añadido, y dificilísimo de conseguir, de hacernos volver a la juventud, la época en la que empezamos a adentrarnos en el laberinto de los sentimientos y el descubrimiento del mundo. Sería un sacrilegio rechazar la invitación de su lectura.