El hombre que en la cautividad de su pensamiento descubre un día ser lo que no es: "Un Axolotl". Estacionado en la vidriera
del acuario de París en un tiempo cautivo de los ojos que le hablaban en el idioma singular de las palabras del desesperado en la agonía del que es enterrado vivo..., siendo los habitantes inmóviles y con la capacidad de discernir la ocasión precisa para irrumpir en el sueño que revela el temor de querer huír de la condición al cambio que aterra. En efecto, la fuga llevaría consigo la imagen milimétrica tantas veces observada: Ajolotes con un sentido muy superior al de sus congéneres.
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