Un faquín con suerte al encontrarse con una dama de bella apariencia, le decía esta que tomara su espuerta y le ayudara en
la compra de víveres en el mercado local; al regresar a casa, vería impresionado el espectáculo –el faquín- de aquella mansión engalanada con dos hojas de ébano de entrada enchapadas en oro, que al abrirla una joven desde adentro, su impresión sería mayor al saber que la dama vivía sola junto a sus dos bellas hermanas, que tras haberle pagado el precio de su trabajo, quedaría petrificado y preguntando la razón por la cual aquellas tres bellezas vivían solas; respondiendo ellas dirían: “Tenemos miedo de entregar el secreto a quien no pueda conservarlo”; ante la insistencia del faquín de ser como una puerta bien sellada, dos de ellas le exigirían algo a cambio, pero la de las compras accedería a favor de el como fianza. Al iniciarse la fiesta con vino y todo, en las cercanías del estanque de la mansión, se lanzaría la primera desnuda, y luego de lavar sus partes íntimas, caería encima de el preguntándole qué había entre sus piernas, lo mismo harían las siguientes; al responder a la primera y a la segunda: “tus misericordias y tu vulva”, respectivamente, le caerían a golpes sin razón alguna, pues ellas decían: “la albahaca de los puentes y el sésamo descortezado”. A la tercera no se atrevió a responderle, para evitar la golpiza. Esta le diría: “la fonda de Abu Mansur”. Al lanzarse por último el faquín desnudo se echaría encima de ellas luego de bañarse, preguntando acerca de su miembro fálico, mientras que ellas entre risas dirían cualquier cosa menos lo que era. El respondía: “el mulo de los puentes que se alimenta de la albahaca, come el sésamo descortezado y pernocta en la fonda de Abu Mansur”