Cuando Legrand se mudó a la isla Sullivan procedente de Nueva Orleáns tratando de recuperar su condición originaria de descendiente de familia pudiente, una serie de acontecimientos fortuitos lo llevarían hasta descifrar las claves crípticas de un pergamino que encontraría cerca de la playa, arropando el escarabajo con este, al notar lo diferente que era el animal, lo picaría y esta condición lo llevaría en una búsqueda frenética donde el narrador y Júpiter, el negro criado de Legrand, quedarían estupefactos ante la conducta excéntrica de nuestro protagonista, aunque no menos al ver el impresionante espectáculo de brillo insuperable gracias a la insistencia contagiante de nuestro amigo lunático. La enfermedad de Legrand que se mantenía entre la exaltación exacerbada y la melancolía, lo encontraría en el momento de mayor lucidez, ayudándolo de esta manera, a descifrar aquellos jeroglíficos que le harían descubrir para sorpresa de sus acompañantes el tesoro enterrado del mismísimo capitán Kidd. El resto es una explicación al mero estilo que copiaría de Poe, el creador del personaje Scooby Doo.
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