El nido de amor que acompañaba a los recién casados (paredes, pisos y estatuas de mármol), junto a unos pasos que retumbaban
en la soledad de la casa, serían testigos del visitante oculto que, sigilosa e imperceptiblemente, chuparía hasta la última gota de sangre; en efecto, Alicia quedaría atrapada por los tentáculos de una criatura monstruosa que habitaba en el almohadón de
plumas y que en tan solo cinco días lograba alcanzar tamaña envergadura y, lo que los médicos y Jordán, el esposo de ella, no lograban entender: La muerte súbita, sin causas aparentes.