Todo empieza cuando Minerva, la
diosa de la sabiduría invitó a Juno y Venus para saber quien de las tres era la más bella, bajo orientaciones de Discordia.
Júpter no quería una pelea
con las diosas, no las escojió, sino que las envió hasta el Monte Ida y dicidió que Paris sería el responsable por escojer la más bella.
Cada una de las diosas le prometió a Paris un regalo y éste decidió por Venus, que le había
prometido la mujer más
bella del mundo.
Esta mujer era, simplemente, Helena, por quien en príncipe se enamoró y la convenció a huír con él para Troya. Este hecho fue lo suficiente para llevar a los Aqueus a la guerra, pues habían prometido, en el pasado, no solo defender Helena, pero luchar por ella, cuando necesario.
Menelau, marido de Helena, reunió a los jefes de Grécia y los obligó a cumplir con lo prometido y, esto fue atendido de inmediato por casi todos, menos por Ulises, que intentó hacerse loco, pero fue descubierto el plan, y Aquiles, protegido por la diosa Tetis, su madre, entre las mujeres de la corte del Rey Licomedes, pero, pronto también lo descubriron.
Los griegos se prepararon por dos años, pero la diosa Diana se encontraba triste porque Agamenon le había muerto a un venado suyo y que fuera un animal consagrado a ella y, por ese razón, para castigarlo, la diosa hizo con que pararan los vientos, así ningún navio de los Aqueus pudo salir del puerto. Para disminuir el enojo de la diosa, una virgen debría ser sacrificada y Diana ordenó que fuera Ifigenia, la hija de Agamenon. En el momento del sacrificio, la diosa se apiedó y en lugar de la joven, pusieron una res y enviaron a la joven hasta el templo de Tauris, para que se volviera sacerdotisa. Así fue que los navios de los Aqueus saliron para la Guerra de Troya
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