Son la cuatro de la mañana, cuando despierto y siento mis cobijas asidas a mi cuerpo y ese calorcito arrullador que dan ganas
de seguir durmiendo, escucho desde el gallinero el canto del gallo que casi nunca falla en despertarme a esta hora recordándome que tengo tareas por hacer antes de que en el
horizonte se levante el sol imponente haciendo huir a la coscuridad como el gato al ratón cuando aparece. Me hecho la bendición para implorar la bendición y la protección de Dios, porque sin él mis fuerzas son débiles y mi espíritu revelde y no podría hacer nada bueno de lo que hago, me dirijo con cautela hacia la cocina donde me sirvo un poco de café, que desde la noche anterior mi esposa me dejó dentro de un termo, y al tomarlo siento que mi cuerpo se fortalece y con ánimo emprendo el camino hacia el hato donde me esperan mis cinco
vacas para ser ordeñadas extrayéndoles la leche con mis manos, no sin antes lavarme muy bien las manos con agua y jabón, según las recomendaciones de los técnicos en salud, que vistan mi granja, de vez en cuando. Empiezo mi labor de ordeño con mucho agrado mientras la brisa frezca de la mañana cae sobre mi rostro acaraciándome suavemente, como aprobándome mi noble labor. Con una sensación de alegría interior me hacerco con los atuendos necesarios de ordeño hacia Margarita, mi primera vaca, a ella siempre la tengo que atender de primera, porque no sé la razón el porque ellas establecieron el orden y algo curioso, siempre se respetan el turno, despues de margarita sigue la topa, luego lolita, despues la orejimocha y por último lucerito, cada una se hacerca sin de acuerdo a su orden sin atropeyos con solo nombrarlas, no les cuento detalles del comportameinto de cada una porque se me haría muy largo este relato, y este no es el
prósito. A eso de las seis de la mañana cuando el día está ya aclareando estoy terminando de ordeñar a lucerito, mi última vaca y me dispongo a sacar la leche a la carretera, unos 120 litro, porque a las seis y 20 en punto, pasa el carro de don pepe recogiendola para transportarla hacia la planta de procesamiento que queda en la región, este don pepe, es más puntual que novia fea, como decimos por estos lados, si uno se duerme dos minutos la leche se nos queda en la finca y hay que transportarla en particular, quedando más costosa la vuelta. Terminada mi primera labor del día, me dirijo hacia la casa donde mi querida esposa me espera con un delicioso chocolate caliente, con arepa recien asada y un pedazo de queso fresco, hecho el día anterior, despues de esto, sigo con la tarea de cuidar a las vacas, esto es darles de comer y arreglar potreros y los demás trabajos del campo. Hasta las cuatro de la tarde que hay que ordeñar nuevamente las vacas, a esta hora se saca más poca leche que en la mañana, porque las vacas producen más leche en la noche que en el día, no sé porqué, pero es así. Ya a las seis de la darde me dispongo a descansar y a jugar un poco con los niños, porque durante el día no lo he podido hacer y por más tardar a las 8 Ocho de la noche me estoy acostando. y este itinerario se repite día a día uno se acostumbra a ello y ya se actua con naturalidad.