A la casa de Sherlock Holmes, llega una joven, la
señorita Hunter, a pedirle que la aconseje sobre un trabajo de institutriz,
que le ofrecieron en una casa de familia. Él le sugiere no aceptarlo. Ella, no obstante, decide tomar el empleo, debido a la buena paga. El detective, le manifiesta, que por cualquier urgencia que se le presente, puede enviarle un telegrama, y acudirá de inmediato.
El telegrama llega. Holmes con su amigo Watson, arriban al día siguiente, a una posada donde los espera la joven. Esta relata los acontecimientos sucedidos en la casa, donde la emplearan. En ella vive el dueño, Rucastle, su esposa, un hijo de ambos y un matrimonio, de apellido Toller, responsable del cuidado de la residencia.
Los señores Rucastle, le entregan a la joven, un vestido azul, solicitándole que se lo ponga. Luego la hacen sentar en una silla, en la sala de la casa, de espaldas a un ventanal que da al exterior. Entonces, el señor Rucastle le cuenta chistes, haciéndola reír. Esta pequeña puesta en escena, intriga a la
señorita Hunter. Luego se ingenia para ver lo que sucede a sus espaldas, ocultando en su mano, un espejo, viendo a un
hombre en la carretera. Al advertirlo, la señora Rucastle, cierra la persiana del ventanal..
Un día, el dueño de casa, le muestra, por la rendija de un cobertizo, a un enorme perro, diciéndole que el animal es soltado por las noches. Expresión que suena como advertencia.
La joven se ha cortado el pelo, por pedido de su empleador. Una noche, busca el cabello cortado, en un cajón donde lo dejara. Halla en otro, cerrado con llave, una mata de cabello, similar al suyo.
Hay una puerta cerrada, que lleva a un ala de la casa, la que cree deshabitada. Una vez lo ve al señor Rucastle, salir por esa puerta, con una expresión de furia. Pasa sin saludarla. Poco después se encuentran, el hombre manifiesta una justificación, por su anterior proceder. Lo ocurrido origina curiosidad en la joven
Una tarde, halla la llave en la cerradura de la puerta, dejada por Toller, que conduce al ala en cuestión. Entra, y ve cerrada con un barrote y atada con una cuerda, a una de las puertas que están ahí. Observa una sombra, deslizándose, en la rendija de la parte inferior de la entrada, concluyendo que alguien se halla en el cuarto. El dueño la sorprende, amenazándola, si regresa a ese lugar, con arrojarle al perro.
Holmes decide, dado los hechos, ir con Watson a la casa de los Rucastle. Estos han salido y el mayordomo, se encuentra durmiendo una borrachera.
Holmes saca sus conclusiones: La señorita Hunter fue llevada a la casa, para suplir a alguien, la persona encerrada en la habitación, con el barrote en su puerta. El hombre de la carretera: amigo o novio de la prisionera. La comedia de los chistes es para demostrar que ella es feliz y no necesita de los requerimientos de aquel joven. Al perro lo sueltan para impedir que haya acercamiento entre esas dos personas. Y detrás de todo esto, hay algo infame. Además, como contara la señorita Hunter, el hijo de los Rucastle, presenta un perfil malvado, cosa demostrada con algunos animales, a los que matara y torturara. Ese niño heredó de uno de sus padres, ese temperamento cruel, por lo que la señorita Holmes puede correr peligro.
Llegan a la puerta cerrada y logran entrar. Está vacía, y se ve una claraboya abierta. Por lo que deducen, que se produjo una fuga. Aparece el señor Rucastle, increpando al grupo comandado por Holmes. Este enfrenta al hombre, que se muestra colérico, quien los amenaza, yéndose a buscar al perro. Holmes y sus acompañantes, bajan por la escalera que los llevara a la habitación, ahora vacía. Mientras lo hacen, oyen ladridos y un grito lacerante.
El mayordomo llega desesperado, exclamando que han dejado suelto al perro. Todos corren, viendo que el animal, está atacando al dueño de casa. Watson le dispara con un revolver, matando a la fiera. Llevan al herido a la sala. Luego aparece la señora Toller, quien está enterada de los pormenores de la historia:
A la hija del señor Rucastle, Alicia, la hicieron a un lado, despreciándola. Al conocer a un joven, y pensando que podía casarse con él, poseyendo, ella, parte del testamento de su padre, éste, quiso obligarla a firmar un documento, autorizándolo a disponer del dinero, que a ella le correspondía. Alicia se negó, siendo acosada por su progenitor, para lograr lo que se le requería. Pese al hostigamiento, continuó en su negativa, enfermando por ello. Se recuperó, pero su aspecto, sufrió un cambio físico, por el mal padecido. El novio, no declinó, en su afán de continuar con la mujer que amaba. Por eso, el padre optó por sacarla de Londres y encerrarla en esa casa. El novio, convenció a la señora Toller que lo ayudase, para poder huir con Alicia.
La historia finaliza con la boda de ambos. Y con el señor Rucastle, viviendo con su infelicidad, cuidado por su esposa.
HermesRondal