El protagonista es un chico de 18 años aficionado a componer versos sin que se le hubiera ocurrido publicar
algún poema suyo ni confesar a nadie sus habilidades. Se contentaba con creerse un gran poeta inédito.
Repentinamente nacieron en él, las ganas de ver sus poemas en un
semanario ilustrado llamado: “El Lima Ilustrado” que gozaba de gran popularidad en el
colegio San Carlos donde era interno.
Después de escoger uno, copiarlo en limpio papel una mañana parte hacia la imprenta del semanario. Nervioso, como un reo que se dirige al patíbulo, pensando constantemente en abandonar pero una fuerza secreta lo impelía.
Entra en la imprenta llena de cosas del oficio y queriendo mostrar serenidad, pregunta por el director. ----“Me han encargado le entregue a usted una composición de verso. El director lo hace pasar a su despacho y sin mediar mas palabra se pone a leer el papel recibido.
---- Y ¿quién es el autor? Dijo el director.
Quiso decir algún nombre supuesto, a murmurar hasta que concluyo por enmudecer.
--- ¿Cómo se llama usted, joven?
--- Roque Roca.
Pues bien, yo publicaré esta composición y pondré el nombre de usted, porque se le nota en la cara que es suya, dijo el director.
Cuando el semanario salió a luz, produjo en el colegio el efecto de una bomba. Por todas partes del colegio se escuchaban alguna vocecilla burlona que entonaba en gritos o repetía por lo bajo una estrofa, un verso, un hemistiquio, un adjetivo de la composición.
En clase un alumno al pedirle el profesor un ejemplo de versos pareados, indicó lo siguiente:
El poeta Roque Roca
Echa flores por la boca.
Hasta el profesor lanzó una pulla en carcajada limpia y muestra el efecto que causo en el colegio los pareados. A la media hora lo sabía todo el colegio y aparecieron variantes como:
El poeta Roque Roca
echa coles por la boca;
El poeta Roque Roca
echa sapos por la boca.
Un bardo anónimo, no muy versado en la colocación de los acentos, escribió:
El poeta Roque Roca, es un inconmensurable alcornoque.
Agotada la paciencia de recibir burlas recurrió a las trompadas pero como el mal era peor que la enfermedad decidió callar y no hacer ningún caso a nadie. Solo encontró una voz amiga, un chico apodado el metafórico por su manera alegórica de expresarse. Le dijo: “No le hagas caso a nadie y sigue montando en el Pegaso; el ruiseñor no responde a los asnos; poeta aurora, desprecia a los hombres-coces.
Roque tenía un amigo de corazón: Braulio Pérez. Juntos habían entrado en el colegio, estudiaban juntos. Alguna vez Braulio enfermo y Roque lo ayudo con sus asignaturas para no perder el año. Como no había dicho nada del asunto, se dirigió a el con extrañeza pidiéndole su opinión. Este le dijo que se sentía resentido por su reserva y a su vez Roque prometió no publicar nunca más.
Estaba completamente convencido de no publicar más pero al cabo de un mes se le presento el director del semanario exigiéndole su colaboración por escases que tenia. El hombre lisonjero consiguió convencerlo.
Recurrió a su amigo Braulio para escoger los menos malos pero todos les parecían malos, flojas, vulgares. Imposible de sacarle de la frase: “todas están mal”. A escondidas, Roque escogió los mejores para él y los remitió al semanario de El Lima Ilustrado.
La tormenta se renovó con la segunda publicación pero amaino con la tercera y cuarta. En la quinta ya habían disminuido considerablemente pero el único implacable era el amigo Braulio. Apenas recibía el número, se instalaba en un rincón y lápiz en mano, se ensañaba en la crítica de los versos de Roque. ---“Este esta cojo, el otro demasiado largo; éste carecía de acentos, aquél los tenia de más. En cuanto al fondo, peor que la forma”. A ladrones o asesinos nos pueden obligar las circunstancias; pero ¿que nos obliga a ser poetas ridículos? Le comento a Roque esto.
Al cabo de 2 meses apareció otro colaborador en el semanario que publicaba con el seudónimo de Genaro Latino. El amigo Braulio lo comparaba con Roque y le dijo a este:
---“Cuando escribas así, tendrás derecho a publicar”.
Genaro Latino era Homero, Virgilio y Dante; Roque un poeta de mala muerte. Cuando el nombre de Roque desapareció del semanario muchos de sus condiscípulos reconocieron el merito de reconocer sus nulidad y retirarse a tiempo. Otros insinuaban que lo habían echado.
Braulio atacaba a Roque ya de frente y se le atribuía el siguiente pareado:
---“Ante Genaro Latino, Roque Roca es un pollino”.
Un día, Braulio triunfante se encarama en una silla y pide la atención del público para leer una Silva de Genaro Latino, publicada en el último numero. De pronto, cambia de color, se muerde los labios, estruja el papel y abandona el lugar. El metafórico reemplaza a Braulio en la silla y continúa leyendo.
“Nota de la Dirección.- Como hay personas que se atribuyen la paternidad de obras ajenas, a riesgo de herir la modestia del autor, informamos que las obras en verso de Genaro Latino corresponde a nuestro antiguo colaborar el estudiante de jurisprudencia don Roque Roca”El amigo Braulio nunca más le dirigió la palabra