El campeon de la muerte.

por : carlitos_way    

Autor : Enrique López Albújar
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Síntesis y críticas breves

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Este relato ocurre en la Sierra Peruana, región caracterizada por cadenas montañosas, elevadas altiplanicies, valles profundos y lugar donde aun se mantiene la lengua y esencia de la raza de los incas.   Liberato Tucto, hombre que tenia estas señas, con gorro de lana, los ojos semioblicuos y fríos, pómulos de prominencia mongólica, la nariz curva, agresiva y husmeadora, la boca tumefacta y repulsiva por el uso inmoderado de la coca parecía un ídolo incaico hecho carne,  “chacchaba” (1), obstinado en que su hoja de coca le dijera qué suerte había corrido su hija, raptada hacía un mes. Sabía por antecedentes que Hilario Crispín, un indio de malas entrañas, gran bebedor de “chacta”, ocioso, amigo de malas juntas y seductor de doncellas; un “mostrenco” era el culpable en represalia de la negativa que le había dado a su padre, cuando fue a pedirle a su hija para él. Al cabo del mes aparece Crispín ante Tucto y le dice:”aquí te traigo a tu hija”, vaciando un saco con un contenido nauseabundo.  Aquello era la hija de Tucto descuartizada. Cerca de allí, en Pampamarca, en medio de la vida pastoril y semibárbara se desarrolla una afición entre ellos que es el tiro al blanco, que los hace famosos como buenos tiradores (illapaco jumapa).  Entre todos estos tiradores destaca Juan Jorge, flor y nata de illapacos pero que en su rostro pálido estaban visibles los signos de un mestizaje lejano e intruso, que había venido a ponerle en la sangre atavismos de otra raza, épica y ambiciosa. Era capaz a los quince años de tumbar a trescientos metros un venado corriendo, agujereaba una peseta a cincuenta pasos, etc., etc.…, dedicado al oficio de matar por encargo, con mucho éxito, bien pagado y sin mayor riesgo, porque donde él ponía el ojo……. Y fue a este personaje, quien el viejo Tucto le mandó a su mujer  para que contratara la desaparición del indio Hilario Crispín.  Este acepta el encargo pero hasta comprobar que es el asesino porque sólo se alquilaba para matar criminales.  La mujer le pide a encargo de su marido que hayan de ser diez tiros y que el último sea el que lo mate.  El asesinato se había pactado en 4 toros pero por la cantidad de tiros solicitados le pide un carnero por cada uno por el capricho y porque  corría el peligro de desacreditarlo.   Cosa que la mujer dice que hará correr la voz que se ha hecho así por encargo. Cuatro días después comenzó la persecución de Hilario Crispín. Jorge y Tucto se metieron en una aventura de dificultades y peligros, lentamente, con precauciones infinitas, cruzando sendas inverosímiles, permaneciendo ocultos en las rocas, esperando la noche para aprovisionarse.   Una verdadera cacería épica. Así pasaron tres días.  Ocultos en unas rocas que dominaban el paisaje donde pensaban se escondía Crispín, en el fondo de la quebrada surgió un hombre, mirando recelosamente tirando de un carnero.  Se conocía que tenia hambre y se había puesto a tiro pero Juan Jorge retrocedió porque la distancia no era la adecuada para él, para no variar sus cálculos. Se tendió sobre una blanca peñolería con toda la corrección de un tirador del ejército. Disparo y Crispín dio un grito y sacudió la diestra.  Miro a todas partes, recogió con la otra mano el arma y echó a correr pero un segundo tiro le hizo caer dándole en la pierna derecha. El tercer tiro fue a la otra pierna.   En esta actitud levanto los brazos al cielo y cayo de espaldas quedándose inmóvil.   Estaba haciéndose el muerto para que se acercaran y aprovechar para atacar.  Esto lo sabía muy bien Juan Jorge y espero.  El herido juzgando que había transcurrido el tiempo suficiente para que el asesino lo hubiera abandonado, o quizás por no poder ya soportar los dolores que padecía, se volteó y comenzó a arrastrarse hacia una cueva. Juan volvió a sonreír y dijo: “a la mano izquierda…….. Y  quedo destrozada. El indio, descubierto, aterrorizadopor la certeza y ferocidad con le iban hiriendo comprendió que no podía ser otro que el illapaco de Pampamarca ante cuyo máuser no tenia salvación, lo arriesgo todo y comenzó a pedir socorro y a maldecir al asesino. Pero Juan Jorge disparo el quinto tiro, no sin haber dicho antes: --“Para que calles……. Callo llevándose a la boca las manos semimutiladas y sangrientas.  Y así fue hiriéndole en otras partes del cuerpo hasta que la décima bala le penetro por el oído y le destrozo el cráneo. Había tardado una hora en este satánico ejercicio, una hora de horror, de ferocidad siniestra y que fue para Juan Jorge la hazaña más grande de su vida de campeón de la muerte. Enseguida descendieron.  Tucto saco su cuchillo y diestramente le sacó los ojos y los guardo en el “hualqui”, para que no me persigan, exclamo; y ésta –cortándole la lengua----- para que no avise. Y para mí el corazón  ----añadió Juan Jorge---.  Sácalo bien.  Quiero comérmelo porque es de un cholo muy valiente.
(1) Palabra del idioma quechua que significa masticar.
(2) Bebida alcoholica.
Publicado el: diciembre 19, 2007
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