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Síntesis y críticas breves

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La insospechada caída

por : omarnest    

Autor : De Napoli, Omar Néstor
La insospechada caída   & iquest;Quién no se ha resbalado y golpeado, por culpa propia o ajena? ¿Quién
no se ha sentido, entonces, molesto y con vergüenza, por culpa propia o ajena? No es novedoso, en consecuencia, decir que quien se ha visto, en causas similares, deba comentar el incidente para que los responsables asuman las urgencias necesarias a fin de evitar resultados desagradables. Pues, venía una noche por la Avenida, apurando el arribo a mi casa (quizás, la hora tardía, la ausencia de movimiento callejero o la demora gustosa en Tiempo Perdido, me empujaban ligero), y di vuelta en la esquina inmediata sin poder eludir de sumergirme en la negrura.  La copa de los árboles y algún farol oculto o apagado, tapaban en esa instancia el resto del camino. Cuando quise detener el ímpetu, debido al riesgo de pisar en la nada, perdí el equilibrio porque algo trabó mis piernas y allí, empezaron los tumbos en tanto rodaba hasta el cordón, donde quedé dolorido, casi atontado y oyendo voces irreproducibles que sólo salían de mis entrañas. De a poco, maltrecho y con lastimaduras, logré levantarme; el silencio y la oscuridad, alentaron mi desconcierto, porque nadie podía haber observado el violento revolcón para venir en mi ayuda.. En tal estado, fui en arrastre por la pared cercana y, a tanteo de una letras gruesas, alcancé la ochava plena de luz. Apenas, pude enderezarme mejor, inicié el regreso despacio y dispuesto a hacerlo por la transversal más visible. Ruidos apagados me sorprendieron después en la cama, mientras el cuerpo se iba recuperando de la insospechada caída. Los acontecimientos de poca importancia se olvidan, frente a la sucesión de acciones que superan a las echadas de la memoria; pero, a veces, retornan sin quererlo. Un momento de mis viajes diarios vio cuando doblaba casualmente en la esquina de las letras pomposas y me halló ante la rampa de unos treinta centímetros de alto, unida a la vereda, causante del lejano rebote.  Lo primero que comprendí fue la razón de la rodada y en cómo podría haber sufrido un descalabro total e inútil. Con los brazos en jarras, estuve a la busca de un cómplice que afirmara la existencia del peligroso e increíble obstáculo; nuevamente, ninguno se hallaba próximo, y al mirar hacia la pared, creo, para redimirme de pasadas barbaridades, lancé el simple verso del poeta: "¡Oh!" ¿Se vincularía lo que terminaba de leer y releer, con el acabado abrupto de adelante?, ¿o la vereda era de un vecino y se omitió de aconsejarle diferente modelado, menos comprometedor, ya que presumo, cierto deber técnico intuía el texto junto a la puerta? ¿Serían posibles las preguntas y sus respuestas, si hubiesen "chocado", como yo, con el anuncio de la placa: CENTRO ARQUITECTOS DE ROJAS? Parece la burla de un cuento, y la semejanza me inspiró esta nota. Mayo de 1998                                       Omar Néstor De Nápoli
 
Publicado el: diciembre 13, 2007
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