No entendía por qué su
vida había tomado aquel rumbo. &
iquest;Sería que había olvidado todo aquello con lo que había soñado? Su rostro ya no era alegre. Su
mirada se perdía en el vacío. Aquella vitalidad que un día había tenido había desaparecido.
Llamó a su gran amigo Miguel, aquel con el que había crecido pero a quien no veía desde hacía una eternidad. Quedaron en juntarse al día siguiente. Aquel sería un día diferente para Juan, quien comenzó a sentirse ansioso por el
encuentro que tenía por delante. Sin darse cuenta, acababa de romper con aquellas cadenas llamadas “rutina” que lo habían atrapado a la vida que no quería, ni merecía.
La noche fue larga. Iba entrando de a poco en un éxtasis que lo entusiasmaba. Habían pasado largos años... ¿Cuántos? Tan sólo cinco, pero que lo habían destrozado, habían extinguido la llama de su vida.
Al darse cuenta de lo importante que era el reencuentro para él, siguió el impulso de escribir todas aquellas cosas por las que estaba dispuesto a luchar. Jamás volvería a ser infiel a sí mismo. De ahora en adelante tomaría las riendas de su vida, pelearía cada lucha que su corazón le pidiera, sin importar a qué se enfrentara. Estaba dispuesto a verse humillado, a enfrentar causas perdidas, pero por nada del mundo se alejaría del
nuevo sentido que había dado a su vida.
Minutos antes de la hora en que habían quedado en encontrarse, Juan estaba sentado en la silla del café.
De repente, se vio absorbido por una alegría absoluta, el joven morocho de ojos castaños que se aproximaba era, definitivamente, Miguel. Corrió a abrazarlo. Sintió lágrimas que corrían por sus mejillas, había recobrado la vida por completo.
No se sabe cuanto tiempo estuvieron allí, sintiéndose el uno al otro y entendiendo lo mucho que se extrañaban y necesitaban. Cuando por fin Juan decidió soltar a su amigo, notó algo que no estaba en sus planes.
- ¿Por qué esa mirada?
- ¿A qué te refieres? ¡Estoy feliz de verte!
Pero Juan sabía que algo no andaba bien. Conocía demasiado a la persona delante de él, como para saber que su mirada ocultaba llanto, y su sonrisa era fingida.
Una mirada firme bastó para que Miguel cediera. Comenzó a llorar en los abrazos de Juan mientras susurraba:
- Mi vida no es como la proyecté. Estoy en el negocio de la droga. He visto jóvenes de nuestra edad -que por estar confundidos o creerse perdidos en la vida- han hecho a sus vidas daños irreparables...
- Eso no es todo, he intentado librar mi conciencia de tanta carga, pensaba en salir del negocio y dedicar a mi vida a la recuperación de adictos, pero algo no funcionó. Debí haberlo pensado antes. La única manera de salir de esto, es muerto. Me están buscando.
Juan no sabía como reaccionar, así que preguntó:
- ¿Por qué, Miguel?
- Mis estudios nunca fueron tan buenos como los tuyos. Soñaba con un trabajo honrado con el cual elevar mi nivel económico. Me sedujo la oferta de entrar y así obtener rápidas ganancias. Sentía que era la manera de arriesgarlo todo por los
sueños. No comprendía que algunos caminos eliminaban los sueños de la ruta. Cuando creía que era el momento de dejarlo, pensaba en la vida que podría llevar si continuaba por unos meses más. El dinero se convirtió en mi propia droga, me volví adicto a él.
- Al menos has llevado un vida riesgosa e interesante...
- ¿Estás loco?
- Mi vida ha sido peor aun. Cuando María murió y decidí alejarme de ti y todo lo que me pudiera hacer recordar el pasado, pensaba en empezar de nuevo. Sin embargo, permanecí años en agonía, esperando que la
muerte me llevara con un frío golpe a un lugar de olvido. No he hecho lo que soñamos, no aporté nada al mundo.
- Mejor así que aportar lo que yo he aportado... ¡ojalá mi vida pudiese servir para dar un poco de amor a este mundo!
Ninguno delos dos imaginaba lo que en instantes ocurriría, dejando una marca imborrable en la vida y el corazón de Juan, obligándolo a empezar de nuevo, en honor a aquello que la vida le había obligado a dejar atrás.
Quedaron unos instantes en silencio, sonriendo, dudando, pensando...
- Quiero pedirte perdón, te alejé de mí cuando más te necesitaba.
- Sin ti todo ha sido más difícil. Si te hubiera tenido a mi lado tus consejos me habrían alejado de tomar la peor decisión de mi vida. Aun así, la vida nos ha vuelto a reunir, y creo que desde hoy todo será distinto.
- Asociándote al vacío que creía tener, lo creé realmente. No obstante, tu presencia me ha recordado todo aquello que una vez fui, y he decidido que ya nada me impedirá vivir.
A todo esto se escuchó el rugido producido por la frenada inesperada de un auto. En el momento en que Juan se daba vuelta para ponerse de frente a la situación, dos hombres armados bajaban del auto.
Levantaron los revólveres fijos en su objetivo: ambos corazones. Miguel supo que también eliminarían a su compañero. Sin llegar a pensarlo, saltó delante de su amigo al tiempo que dos balas le perforaban el pecho. Su mirada alcanzó los ojos de Juan, quién llorando se inclinaba a abrazarlo. Notó la tibia mano rozando su cabeza, y mientras sentía como la vida era arrancada de su cuerpo, sonrió con la sinceridad de un ángel: acababa de realizar sus sueños.
Más sinopsis sobre Encuentro