Lo primero que hay que decir es que Marley estaba muerto. Sobre eso no hay ninguna duda. Su certificado de entierro lo firmaron
el sacerdote, el funcionario, el enterrador y el que presidió el duelo. Lo firmó Scrooge, el apellido Scrooge valía en las casas de cambio para todo lo que se quisiera. El viejo Marley estaba tan muerto como un clavo en la puerta.
Y ahora, ¡ a ver quien me explica, si se puede, como se puede, cómo es
posible que, al colocar Scrooge la llave en el picaporte, este fuera el rostro de Marley!
Así comienza una de tres noches extrañas y singulares para el ávaro Scrooge. Esa noche que dicho sea de paso es la noche antes de la navidad -época que a Scrooge, se la hace una verdadera bobada, de la misma manera que desdeña los sentimientos más nobles de la humanidad: la bondad, el amor y la caridad- recibe la advertencia más escalofriante que un mortal pueda recibir; o cambia su manera de comportarse con sus semejantes o su castigo en el más allá será
terrible.
Vendrán tres espíritus, uno cada noche, tendrá que escucharlos y seguirlos o será su perdición, solo esas visiones espectrales son su salvación.
El espíritu de la Navidad pasada,bondadosa y sutil,el espíritu de la Navidad presente cínica y cruel, y el espíritu de la Navidad futura; este último le enseña a Scrooge la visión más terrible: su muerte y la felicidad que ella causa.
Cuando despierta se da cuenta de que todo sucedió en una sola noche, y que la vida le de una nueva oportunidad, la de cambiar y enmendar en lo posible sus errores.