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Cuentos DE OGROS

Reseña del Libro   por:EKELEDUDU     Autor : MÁXIMO DAMIÁN MORALES
ª
 
Máximo Damián Morales no necesita presentación: ya hemos comentado otras obras de él, concretamente La leyenda del dragón galés y Mitos y leyendas de dragones, ambos muy buenos a su manera. Lejos de renunciar a la literatura fantástica, aquí vuelve trayendo de la mano a otro tipo de criaturas que tampoco precisan presentación por sernos tan familiares como los dragones y que, igual que ellos, proceden de los cuentos de hadas: los ogros. La película Shrek (2001) por cierto redefinió bastante el concepto que teníamos de tales seres, hasta entonces muy poco amistoso; y sin embargo es posible que sea precisamente esa imagen, mucho más benévola, la más próxima al original, como veremos.

Igual que otros tantos seres míticos, los ogros (o sus equivalentes) están presentes en la mitología y el folklore de muchos pueblos muy distintos y separados unos de otros por todo el planeta. También podemos encontrarlos en ambitos mucho más reales, como por ejemplo la oficina, pero eso es, por supuesto, otra historia. Por consiguiente, antes de empezar a desgranar sus historias, Morales inicia la obra con un prólogo en el que nos enuncia las características del ogro y la forma en que lo concibieron las distintas culturas humanas. Aunque al inicio el autor les atribuye rasgos estremecedores, concluye reconociendo cierta humanidad en él y particularmente en ella, en la ogresa, si es que es correcto este término que emplea Morales (me consta que tigresa y vampiresa son incorrectos, pero no estoy seguro sobre ogresa). El ogro, afirma, actúa muchas veces por instintos primarios; sólo intenta sobrevivir. De algún modo, leyendo las descripciones de Morales nos acordamos de Piegrande, el Yeti y demás criaturas antropomórficas cuya realidad no admite la ciencia ortodoxa, pero que los criptozoólogos no se cansan de buscar. En vano, añadiría yo, pero es sólo mi opinión de escéptico. De cualquier manera, pienso que debe haber una relación entre el ogro en todas sus variantes y Piegrande en todas las suyas, ya que se antojan tan similares entre sí. Y sin duda la tosca humanidad subyacente en el ogro marca una diferencia muy pronunciada con el dragón, que es ante todo, y salvo raras excepciones, un monstruo al que el héroe debe matar. En estos relatos que ahora nos trae Morales, los ogros a menudo mueren, pero no precisamente a manos de héroes, y con frecuencia, ya se ha dicho, se trata más de una lucha por la supervivencia que de una maldad real por parte del ogro.

Doce historias nos presenta Morales, de procedencia muy diversa: El tesoro de las siete llaves, adaptación y rejunte de varias historias muy similares; La esposa que no comía, relato oriundo de Bagdad y ya incluido (creo que bajo otro nombre) en una obra muy inferior, Monstruos, bestias y demonios, de Agostino Barlocci; El pedido de la ogresa, de origen italiano; El oro del troll, ésta de obvio origen escandinavo; El intruso de nochebuena, narración islandesa en la que se siente el influjo de la cristianización; La posada de los ogros, que, aunque de origen árabe, llegó hasta Escandinavia, si bien la versión que se reproduce es la oriental; El rapto de la cristiana, proveniente de España; Hambre de invierno, extraído de una selección de tradicionales franceses; el céltico El devorador de la campiña; el germánico La cabeza del ogro; El pedido de la vieja, único del que, curiosamente, no se consigna la proveniencia; y cerrando la antología, otro italiano, La vaca mágica. Muy buenas todas ellas, sobre todo si no se ha perdido la capacidad de asombro tan propia de la niñez. A disfrutarlas, entonces. Ah, el encargado de ilustrar en esta ocasión fue Diego Pogonza. No diré que deslumbra, pero al menos se defiende.
Publicado el: 15 abril, 2012   
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