Este libro narra la historia acerca de un hombre con una doble vida. Dexter Morgan, un niño
maltratado y con ganas de matar, es adoptado por una familia de policías, donde su ansia sanguínea es reconocida a tiempo y redireccionado. Ahora caza a delincuentes que matan a personas inocentes. Y puesto que trabaja en un
laboratorio de forense, es muy sencillo para él deshacerse de las pistas. Así se ha forjado una nueva identidad, se ha encontrado una novia con hijos y trabaja con cuidado en no destacar. Esto es un suspense psicológico de otras dimensiones. Mientras en una novela habitual lucha el bien contra el mal, está la frontera en este libro borrosa. Por un lado lleva este libro a la minimización del asesinato, por otro lado lanza también la pregunta: cuando la ley no está en la situación de castigar al
delincuente, ¿lo podrá hacer el ciudadano? ¿Cuándo? ¿Existen fundamentos justificables a favor o en contra? Es un planteamiento interesante sin ahondar demasiado en la filosofía, no es agotador.