Este libro de Ian Rankin tiene como tema los delitos escoceses. El inspector Rebus aparece
de nuevo. Aún
inspector, puesto que su superior considera el
comportamiento del inspector como desmesurado, lo cual le aparta más desventajas que ventajas. El inspector Rebus nunca le ha parado a las prescripciones y nunca se ha dejado intimidar de los políticos o de los demás compañeros. Un hombre como un perro de presa que persigue su pista y no se deja detener por nadie. Esta vez mueren tres personas y un joven es disparado en colegio privado. Al principio parece todo claro: un ex combatiente de una tropa especial dispara a dos alumnos e hiere a otro, después se suicida. Los motivos no son claros, hasta que encuentran casualmente drogas en el barco del ex soldado. Otra vez será la tarea de Rebus encontrar los motivos verdaderos de este acto aparentemente sin sentido. Y esto es lo que hace. Al mismo tiempo consigue aclarar el asesinato de un delincuente, en cuyo caso incluso era él mismo un sospechoso. Esta vez había incluso un suspenso que no sirvió de nada, puesto que el inspector Rebus es Rebus. Su comportamiento es casi legendariamente incorrecto, pero su intuición para la correcta conexión nunca le ha abandonado.