Nuestro investigador privado, Heredia, está cesante. A su departamento llega una profesora, la cual le solicita investigar
la muerte de su hermano menor, asesinato que la policía cree que se produjo a raíz de un asalto callejero. Heredia, con su olfato desestima esta versión y comienza a investigar en torno a la
memoria oscura y reciente de Chile. Nos llevará a recorrera los bajos fondos santiaguinos para ir armando el rompecabezas que se va transformando en uno de sus casos más complicados de resolver. Es una pesquisa implacable y difícil, pero Heredia no se amilana ante el peligro y la desesperanza. Aquí aparece nuevamente Griseta en su vida, quien le ayudará a sobrellevar las dificultades que se le van presentando en el camino. Con este libro, el autor vuelve a entregarnos su particular visión de la sociedad chilena, la de un sector que continua marcado por el pasado dictatorial y que no comulga con las prácticas neoliberales y globalizadoras a ultranza que se han impuesto en la mayoría de los países occidentales. Su personaje, Heredia, es un sobreviviente, quien, a su manera, conoce muy bien las cosas por las que vale la pena vivir y que logra dilucidar los más intrincados puzzles policiales de un modo casi artesanal. Sus
armas son la sencillez, la austeridad y valores, tales como el honor, la verdad y la autenticidad. Es un personaje muy querible y al lector le parece muy familiar, casi un conocido, pues, sin representar lo que hoy se considera como el prototipo de un hombre exitoso, lleva a buen puerto todas sus pesquisas, aún peligrando su propia vida. Es valiente y observador, cualidades con las que logra sus objetivos. Cada vez que uno termina de leer una obra de Díaz Eterovic, el lector queda esperando el próximo libro de Heredia